En su ensayo El hombre y lo divino, María Zambrano nos recuerda que solo desde muy recientemente “el hombre cuenta su historia, examina su presente y proyecta su futuro sin contar con los dioses”, hasta el punto de extender esa actitud y proyectar la nueva mirada incluso hasta los tiempos en que lo divino formaba también parte de la vida humana, engendrando “vivencias” cuyo eco encontramos en las artes y en la poesía, y cuya réplica —“tal vez”, aventura con prudencia— inspiró el pensamiento filosófico y la especulación científica. “Solo los arriesgados novelistas o los ambiguos pensadores se han adentrado, imaginándola desde su particular perspectiva, en aquella vida vivida bajo la luz y la sombra de dioses ya idos”, añade Zambrano.
En su ensayo El hombre y lo divino, María Zambrano nos recuerda que solo desde muy recientemente “el hombre cuenta su historia, examina su presente y proyecta su futuro sin contar con los dioses”, hasta el punto de extender esa actitud y proyectar la nueva mirada incluso hasta los tiempos en que lo divino formaba también parte de la vida humana, engendrando “vivencias” cuyo eco encontramos en las artes y en la poesía, y cuya réplica —“tal vez”, aventura con prudencia— inspiró el pensamiento filosófico y la especulación científica. “Solo los arriesgados novelistas o los ambiguos pensadores se han adentrado, imaginándola desde su particular perspectiva, en aquella vida vivida bajo la luz y la sombra de dioses ya idos”, añade Zambrano. Seguir leyendo
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
Gustavo Martín Garzo explora cómo las narrativas antiguas, contadas desde la perspectiva de las mujeres y los personajes secundarios, revelan emociones y secretos ocultos
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En su ensayo El hombre y lo divino, María Zambrano nos recuerda que solo desde muy recientemente “el hombre cuenta su historia, examina su presente y proyecta su futuro sin contar con los dioses”, hasta el punto de extender esa actitud y proyectar la nueva mirada incluso hasta los tiempos en que lo divino formaba también parte de la vida humana, engendrando “vivencias” cuyo eco encontramos en las artes y en la poesía, y cuya réplica —“tal vez”, aventura con prudencia— inspiró el pensamiento filosófico y la especulación científica. “Solo los arriesgados novelistas o los ambiguos pensadores se han adentrado, imaginándola desde su particular perspectiva, en aquella vida vivida bajo la luz y la sombra de dioses ya idos”, añade Zambrano.
Gustavo Martín Garzo es, sin duda, uno de ellos, pues —además de los cuentos de hadas y las leyendas maravillosas— gran parte de su obra narrativa surca el amplio caudal de la tradición bíblica y la mitología griega, que el autor vallisoletano reescribe y actualiza, convencido de que las fábulas eternas nos enseñan a “mirar el mundo con los ojos del asombro y a descubrir en las cosas nuevos sentidos”.
Un paraíso de escombros rescata algunos mitos helénicos fundacionales y destacados episodios del ciclo homérico, no para volver a contarlos sino para recrearlos y expandirlos, trayendo a un primer plano las figuras femeninas cuyo perfil quedó ensombrecido por el poder y la dimensión colosal de los dioses o por las hazañas y aventuras de los héroes épicos. Aquí casi siempre son ellas las narradoras, tanto de las historias ajenas —Nausicaa cuenta la de Orfeo; Penélope y Briseida, la de Odiseo— como de las propias —Teófanes, “aquella ante quien Dios se aparece” relata su deseo de transformarse en oveja—.
En ocasiones, son otros personajes secundarios quienes nos deslumbran al desvelar detalles y pormenores desconocidos de las fábulas —un hermano pequeño contará los amores de Leda y el cisne; Dédalo, los de Pasífae y el minotauro; Selene, los de su hermana Eurídice y Orfeo—, en microrrelatos de la sencilla vida cotidiana o, sobre todo, a partir de revelaciones oníricas y agudas incursiones en la interioridad para alumbrar emociones, sentimientos o conciencia. Una de las más asombrosas narraciones de Un paraíso de escombros es, a mi parecer, aquella en que el eidolon —el doble fantasmal, “la melliza oscura”— de Helena de Troya desvela secretos y misterios de una existencia desdoblada en dos; la exterior, la que lleva el nombre de la reina, y la que gobierna a escondidas en su corazón, que es la más fuerte, por estar hecha con la sustancia misma de sus deseos.
Con admirable habilidad y sutileza para hilvanar los innumerables cabos de este prodigioso tapiz, en Un paraíso de escombros, Gustavo Martín Garzo despliega ante el lector el extraño y subyugante mundo de lo Otro, regido por el deseo, la belleza, los sueños, el misterio o la muerte, y rinde homenaje a la imaginación —única llave que permite abrir todas las puertas—; y naturalmente, a las palabras que nos permiten seguir contando todas esas historias. Porque los cuentos, las fábulas, las “mentiras” o los cantos nos instalan en una vida libre de ataduras, miedos o razones.

Un paraíso de escombros
Gustavo Martín Garzo
Galaxia Gutenberg, 2026
384 páginas. 22 euros
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