Los duelistas; Alien, el octavo pasajero; Blade Runner. Pocos principios de carrera cinematográfica tan brillantes en la historia del cine. Se podrían contar con los dedos de una mano, y quizá no hagan falta los de la otra. Entre 1977 y 1982, Ridley Scott forjó su figura. Casi 50 años después de aquel debut conradiano de los “dos artistas dementes, empeñados en dorar el oro o en teñir una azucena” a base de combates, el cineasta británico sigue en pie. Con 88 años y cinco películas en los últimos seis años. No todas buenas, ni mucho menos. Ninguna desdeñable.
Los duelistas; Alien, el octavo pasajero; Blade Runner. Pocos principios de carrera cinematográfica tan brillantes en la historia del cine. Se podrían contar con los dedos de una mano, y quizá no hagan falta los de la otra. Entre 1977 y 1982, Ridley Scott forjó su figura. Casi 50 años después de aquel debut conradiano de los “dos artistas dementes, empeñados en dorar el oro o en teñir una azucena” a base de combates, el cineasta británico sigue en pie. Con 88 años y cinco películas en los últimos seis años. No todas buenas, ni mucho menos. Ninguna desdeñable. Seguir leyendo
Los duelistas; Alien, el octavo pasajero; Blade Runner. Pocos principios de carrera cinematográfica tan brillantes en la historia del cine. Se podrían contar con los dedos de una mano, y quizá no hagan falta los de la otra. Entre 1977 y 1982, Ridley Scott forjó su figura. Casi 50 años después de aquel debut conradiano de los “dos artistas dementes, empeñados en dorar el oro o en teñir una azucena” a base de combates, el cineasta británico sigue en pie. Con 88 años y cinco películas en los últimos seis años. No todas buenas, ni mucho menos. Ninguna desdeñable.
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