La engañosa mansedumbre, entre lacónica y elusiva, de las novelas de Ali Smith es parte de su encanto, aunque pueda enfriar a lectores temperamentales. Esta es la que a mí más me ha convencido (una suerte de segunda parte de su anterior Gliff, de 2025) de que hay un talento y una intención literaria con mecha y carga explosiva, quizá porque el movimiento entre el pasado de leyenda y las evidencias de la impiedad asesina que colman el día a día propicia una trama de asociaciones que establece el propio lector. A veces las guía la narradora, tan próxima en apariencia a la autora, y a veces no, pero esos enlaces existen y seguro que no funcionarán igual en cada uno de los lectores, de acuerdo con su propia sensibilidad e información histórica, o conciencia del pasado como sucesiva acumulación de muerte y sangre (hasta hoy).
La engañosa mansedumbre, entre lacónica y elusiva, de las novelas de Ali Smith es parte de su encanto, aunque pueda enfriar a lectores temperamentales. Esta es la que a mí más me ha convencido (una suerte de segunda parte de su anterior Gliff, de 2025) de que hay un talento y una intención literaria con mecha y carga explosiva, quizá porque el movimiento entre el pasado de leyenda y las evidencias de la impiedad asesina que colman el día a día propicia una trama de asociaciones que establece el propio lector. A veces las guía la narradora, tan próxima en apariencia a la autora, y a veces no, pero esos enlaces existen y seguro que no funcionarán igual en cada uno de los lectores, de acuerdo con su propia sensibilidad e información histórica, o conciencia del pasado como sucesiva acumulación de muerte y sangre (hasta hoy). Seguir leyendo
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
Novela de historia sin ser novela histórica, ‘Glifo’ sigue a dos hermanas cuya relación sirve para trazar conexiones entre el pasado y el presente


La engañosa mansedumbre, entre lacónica y elusiva, de las novelas de Ali Smith es parte de su encanto, aunque pueda enfriar a lectores temperamentales. Esta es la que a mí más me ha convencido (una suerte de segunda parte de su anterior Gliff, de 2025) de que hay un talento y una intención literaria con mecha y carga explosiva, quizá porque el movimiento entre el pasado de leyenda y las evidencias de la impiedad asesina que colman el día a día propicia una trama de asociaciones que establece el propio lector. A veces las guía la narradora, tan próxima en apariencia a la autora, y a veces no, pero esos enlaces existen y seguro que no funcionarán igual en cada uno de los lectores, de acuerdo con su propia sensibilidad e información histórica, o conciencia del pasado como sucesiva acumulación de muerte y sangre (hasta hoy).
Pero no es una novela histórica, o cuando menos el eje absoluto es el presente cuando hace revivir en la memoria o en el conocimiento el pasado atroz desde la Primera Guerra Mundial y su multitud de dramas hasta el presente aludido de forma esquiva o no directa pero perfectamente identificable, incluida la aberración sanguinaria de Gaza a manos del gobierno de Netanyahu, con imperturbable pasividad de la UE: un episodio de la actualidad evoca directamente la persecución británica a una agrupación de apoyo a Palestina. Pero sin nombres y solo como testigo de la resistencia, solo con el fin de anotar sin énfasis, de forma yuxtapuesta en historias diferentes, la perpetuación de la barbarie y esa es seguramente parte de lo que acaba emergiendo en un relato inicialmente solo intimista, doméstico o familiar (la historia secreta de “nuestro bisabuelo”), que va creciendo a medida que la narradora explícitamente ofrece su punto de vista, algunas consideraciones y hasta una forma de la metaficción sin ínfulas ni retóricas académicas muy eficaz.
Pero no entorpece ni enreda: quiere estar ahí la narradora/autora porque se siente obligada a hacerlo, a aducir contraejemplos, a invocar lo silenciado, el pasado religioso de la tribu (el desollamiento de san Bartolomé, por ejemplo), a anotar paralelismos que quedan suspendidos en el aire sin atar del todo pero que actúan como interrogantes absorbentes, al menos para una de las hermanas cuya relación atraviesa la novela y que escuchan la historia sobre un hombre completamente aplastado: “Petra, ¿y si nadie enterró adecuadamente a esa persona aplastada en la carretera y acabó tirada en un contenedor o en un vertedero, rodeada de la basura de otras personas?”.
Las historias inventadas o fabuladas, las trolas que se echan sobre los niños para dormirlos o entretenerlos parecen a veces tener una hechura similar a las historias monstruosamente reales del pasado que conocemos mal, que parecen fabuladas, pero que llevan dentro (entonces y ahora) la atrocidad de la violencia brutalizada, sin que el texto casi nunca incurra en forma alguna de tremendismo (palabra prehistórica, desde luego). Solo sutiles señales que asocian la vida de dos niñas con la muerte de su madre y otras muertes más brutales y ajenas pero ciertas: “Usamos una historia real espantosa, el fantasma o la sombra de una historia sobre algo terrible que supongo que le pasó de verdad a alguien para distraernos” de lo que en el presente era la inminencia de la muerte de la madre. El pasado de las dos hermanas se cruza continuamente con su presente, en una suerte de reencuentro tardío y difícil para intentar comprenderse, y ahí están algunas de las mejores y más vivaces páginas del libro. A veces los fantasmas de dolor del pasado sobreviven en forma de recuerdo secreto o leyenda, y a veces el horror está desaforadamente a la vista en las colas de desvalidos asesinados por sus vigilantes, no muy lejos de Europa. Quizá eso es lo que encarna el caballo Glifo que da título y portada (algo infantil) al libro.

Glifo
Ali Smith
Traducción de Magdalena Palmer
Nórdica, 2026
240 páginas. 20,95 euros
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