¿Pueden las plantas emular como suena un violín? No. Las especies vegetales son incapaces de producir sonidos de forma consciente. Sin embargo, como cualquier otro ser vivo, se relacionan con el entorno que las rodea. Pueden detectar la luz, su intensidad y dirección, la gravedad, la humedad, la temperatura, los campos electromagnéticos, los gradientes químicos o vibraciones tales como el sonido del agua corriendo o el paso de insectos. Y por supuesto, son capaces de reaccionar ante lo que ocurre a su alrededor y en muchos casos, tomar decisiones y adaptarse, aunque no puedan salir corriendo, pedir auxilio o gritar de felicidad.
Un proyecto del espacio cultural salmantino Molino Lab transforma la actividad vegetal en notas musicales hasta crear sinfonías únicas
¿Pueden las plantas emular como suena un violín? No. Las especies vegetales son incapaces de producir sonidos de forma consciente. Sin embargo, como cualquier otro ser vivo, se relacionan con el entorno que las rodea. Pueden detectar la luz, su intensidad y dirección, la gravedad, la humedad, la temperatura, los campos electromagnéticos, los gradientes químicos o vibraciones tales como el sonido del agua corriendo o el paso de insectos. Y por supuesto, son capaces de reaccionar ante lo que ocurre a su alrededor y en muchos casos, tomar decisiones y adaptarse, aunque no puedan salir corriendo, pedir auxilio o gritar de felicidad.
También generan actividad eléctrica que puede medirse con sensores específicamente diseñados para ello. La información que se obtiene a través de estas mediciones se conoce como biodatos.
El espacio de interpretación y experimentación tecnológica, artística y cultural Molino Lab trabaja específicamente con este aspecto. Su personal desarrolla un proyecto para transformar la actividad eléctrica de las plantas en notas musicales y a partir de ahí, crear sinfonías únicas e incluso, realizar actuaciones musicales con las plantas como artistas y algunas flores como solistas.
Esta iniciativa está estrechamente vinculada a los estudios de neurociencia vegetal o neurobiología vegetal, un campo de estudio que investiga las capacidades de percepción, comunicación, memoria y resolución de problemas en las plantas, a pesar de que carecen de un cerebro o sistema nervioso central.
Los biodatos, indica el artista e investigador salmantino Fernando Fernández, no atribuyen pensamientos ni intenciones a la planta, pero permiten al ser humano percibir una dimensión de su actividad que no se aprecia a simple vista. Además, los impulsos bioeléctricos que generan árboles, hongos, flores y demás especies vegetales pueden llegar a transformarse en experiencias audiovisuales, sonidos e imágenes.
En Molino Lab -un espacio de experimentación artístico y cultural ubicado en Sancti Spíritus, un pueblo de poco más de 700 habitantes de la comarca de Ciudad Rodrigo, en Salamanca- trabajan precisamente en este aspecto, en medir la actividad eléctrica de las plantas para convertirla en sonidos y los sonidos, en música.
Y con este objetivo, el de oír cómo suenan las distintas especies vegetales que nos rodean, el equipo de Molino Lab ha desarrollado unos dispositivos, denominados unidades de biodata, con los que poder medir sus impulsos eléctricos, explica Fernández.
Posteriormente han dado un paso más y hace varios años pusieron en marcha el proyecto denominado Sinfonía Biótica, dirigido específicamente a convertir esos impulsos eléctricos que se perciben con las unidades de biodata en música.
«Las plantas tienen una vida eléctrica silenciosa«, comenta el artista e investigador salmantino, y con esta iniciativa tratan de captar esos cambios minúsculos y transformarlos en «una melodía única e irrepetible». Y para disfrutar de los sonidos de la naturaleza «no hace falta ser técnico para disfrutarlo», añade.
Para convertirlas en una melodía, cada planta se conecta a una unidad de biodata, los sensores registran las variaciones de la señal eléctrica del ejemplar y lo envían a un motor audiovisual, donde se convierte en altura, dinámica, timbre, densidad y ritmo.
Asimismo, cada una de estas plantas alimenta un instrumento virtual diferente y entre todas hacen realidad una banda sonora compartida que cambia de forma continuamente y que no se repite de manera exacta, detalla Fernández.
Tras llevar algún tiempo experimentando con biodata, decidieron compartir sus hallazgos con el público y comenzaron a realizar interpretaciones artísticas en espacios abiertos. En estas cuidadas actuaciones, transforman en notas musicales -en directo- la actividad eléctrica que generan las diferentes especies botánicas participantes.
La mezcla se diseña específicamente para el espacio en el que se va a realizar la exhibición, de modo que el sonido no se imponga al entorno, explican los impulsores de esta iniciativa.
El proyecto incluye, además, la digitalización en 3D de varios ejemplares vegetales, con escaneado, limpieza de mallas, optimización y texturizado.
Los modelos resultantes, conocidos como gemelos digitales, se incorporan a un archivo de floraciones utilizable como material educativo o en exposiciones, aunque la idea es que con el tiempo se vayan incorporando más ejemplares a la vez que más instrumentos virtuales.
Ahora se han acercado a las flores. En concreto, han apostado por dar voz a las exóticas y coloridas orquídeas y convertirlas en prima donnas de un concierto en el que las plantas estaban a los mandos de una serie de singulares instrumentos musicales que conformaban esta peculiar orquesta vegetal y las flores se erguían como solistas.
El escenario elegido para mostrar al público como cantan las orquídeas ha sido el Orquidario de Estepona, en Málaga, donde este domingo se han vivido momentos muy emotivos. Durante la puesta en escena del concierto, que duró alrededor de una hora, se han podido ver caras de asombro entre los asistentes y también alguna lágrima de emoción.
«Es un lujo para el Orquidario de Estepona ser el primer orquidario del mundo en ofrecer una iniciativa de este tipo donde se mezclan tecnología, innovación y por supuesto orquídeas», ha señalado el curator del jardín botánico malagueño, Manuel Lucas.
«Disfrutar de una música generada por orquídeas supone una novedad única», ha destacado al respecto Lucas, quien ha avanzado que el orquidario «va contar con una instalación permanente donde los visitantes podrán escuchar la música que generan las distintas especies de orquídeas que alberga el centro malagueño.
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