No es gimnasia sencilla leer a Michel Houellebecq (isla de Reunión, Francia, 70 años) y mucho menos entrevistar a Michel Houellebecq. A la voz tenue y cavernosa y al gesto serio y cabizbajo se une la retahíla de arponazos contra casi todo lo que se mueve, marca de la casa. Su oscuridad conceptual, destilada con elevado magisterio literario en páginas llenas de soledad, amargura, sexo desabrido, antifeminismo y antiislamismo en canal y vocación anarcoide en títulos como Sumisión, Plataforma, Las partículas elementales o Aniquilación, se resume en los versos de Combat toujours perdant, su último libro. En esta conversación, con motivo de su presencia en el Ja! Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor de Bilbao, expone algunas de sus controvertidas profesiones de fe.
No es gimnasia sencilla leer a Michel Houellebecq (isla de Reunión, Francia, 70 años) y mucho menos entrevistar a Michel Houellebecq. A la voz tenue y cavernosa y al gesto serio y cabizbajo se une la retahíla de arponazos contra casi todo lo que se mueve, marca de la casa. Su oscuridad conceptual, destilada con elevado magisterio literario en páginas llenas de soledad, amargura, sexo desabrido, antifeminismo y antiislamismo en canal y vocación anarcoide en títulos como Sumisión, Plataforma, Las partículas elementales o Aniquilación, se resume en los versos de Combat toujours perdant, su último libro. En esta conversación, con motivo de su presencia en el Ja! Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor de Bilbao, expone algunas de sus controvertidas profesiones de fe. Seguir leyendo
No es gimnasia sencilla leer a Michel Houellebecq (isla de Reunión, Francia, 70 años) y mucho menos entrevistar a Michel Houellebecq. A la voz tenue y cavernosa y al gesto serio y cabizbajo se une la retahíla de arponazos contra casi todo lo que se mueve, marca de la casa. Su oscuridad conceptual, destilada con elevado magisterio literario en páginas llenas de soledad, amargura, sexo desabrido, antifeminismo y antiislamismo en canal y vocación anarcoide en títulos como Sumisión, Plataforma, Las partículas elementales o Aniquilación, se resume en los versos de Combat toujours perdant, su último libro. En esta conversación, con motivo de su presencia en el Ja! Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor de Bilbao, expone algunas de sus controvertidas profesiones de fe.
Pregunta. Ya que estamos en un “festival de humor y literatura”, quería preguntarle por eso, por el humor. ¿Hasta qué punto lo considera útil como instrumento literario? En sus libros lo hay, aunque a menudo sea cruel.
Respuesta. Sí, el humor puede serlo, puede ser muy cruel. Pero la verdad es que sigo preguntándome qué es el humor. En realidad, no lo tengo tan claro. Ni estoy tan convencido de que abunde en mis libros.
P. Hay ráfagas, aunque sea puro sarcasmo…
R. Hay ironía. Y no es lo mismo, pienso. Pienso que el humor es ironía dirigida contra uno mismo, autocrítica, autoparodia, burla… mientras que lo mío, a nivel literario, es otra cosa, más agresiva. Siempre va contra algo, contra alguien. No necesariamente contra personas concretas, sino contra formas de actuar, de hablar, de ser, contra cosas ridículas. Y eso no sé si es exactamente humor.
P. ¿Usted está en sus libros o, por el contrario, coloca a personajes que hagan de parapeto para que usted pueda huir?
R. Estar presente en la obra es lo que literariamente hay que perseguir… pero no todos los escritores lo logran. Estar presente es expresarse sin filtros, sin jugar un rol, sin fingir.
P. ¿Cómo seguir contando cosas nuevas? ¿No está ya todo contado, escrito, pintado, compuesto?
R. No. Hay fenómenos nuevos que justifican seguir escribiendo, seguir contando, cosas que antes no existían y hoy sí.
Mi problema con la IA es que no la entiendo, no sé nada de ella, ni cómo funciona ni cómo está hecha […] Y eso me jode»
P. ¿Cuáles son esas cosas nuevas que le interesan como materia literaria?
R. No es que te interesen o no: están ahí. Te vienen. No sé, los ordenadores antes no estaban, y hace mucho que son una realidad nueva. En la época de Balzac no había teléfonos.
P. A menudo ha reflejado en sus libros la trepidante y a veces inquietante velocidad de la evolución tecnológica. Ahora casi no hablamos de otra cosa que de la inteligencia artificial. ¿Le interesa como tema literario?
R. Mi problema con la IA es que no la entiendo, no sé nada de ella, ni cómo funciona ni cómo está hecha, así que incluso me cuesta hablar de mi relación con ella. No llego ni a saber en qué consiste. Y eso me jode.

P. ¿Es que detrás de esa aparente literatura suya de la oscuridad, el caos y el desorden se esconde una forma ordenada, metódica y precisa de pensar y escribir?
R. Me sorprende usted con eso de caótico.
P. ¿Por qué?
R. No sé exactamente qué ve de caótico en mis historias.
P. La angustia, el desequilibrio y la soledad de ciertos personajes, la locura de ciertas situaciones…
R. Mmmm…
P. Perdone pero a veces su lector —aunque le esté maravillando el relato— siente la necesidad de que acabe de una vez. Y esto es un cumplido…
R. Mmmm… es curioso, nunca me lo había planteado así. Mmmm…
P. ¿Cree que el mejor estilo literario es el que no existe? ¿O al menos el que no se deja ver?
R. Desde luego, uno puede fijarse eso como meta. Escribir de forma que no se vea el estilo. Sí, a mí me ha pasado eso como escritor, casi siempre me he puesto eso como objetivo. Aunque tampoco es algo sistemático, y mucho menos obsesivo. Por ejemplo, a veces, cuando estoy corrigiendo pruebas de un libro, veo una repetición y decido dejarla ahí, tal cual, en vez de quitarla. Una repetición es algo que se ve. Si uno persigue ser un escritor transparente, pues mejor quitar la repetición. Yo suelo dejarlas adrede. Es algo estilístico.
El nivel del izquierdismo ha bajado muchísimo en relación al pasado. Cuando yo era joven, toda la gente de izquierdas había leído o leía a Marx. Hoy no creo que lo hagan. Ni tengo claro que fueran capaces»
P. Cambiemos de tercio. Hace dos años, un reportaje de este periódico lo incluyó en la nómina de los “literatos franceses de extrema derecha”. ¿Está usted harto de que le llamen facha o es que es usted un facha?
R. Es bastante agotador que te llamen escritor facha, pero uno termina por resignarse, ¡ja, ja, ja!
P. Ha escrito y hablado sobre la pérdida de ciertos valores que relaciona con la cultura occidental, y ha masacrado por sistema el relato de lo políticamente correcto. También ha criticado posturas extremas del feminismo, y se ha manifestado contra el islamismo radical. ¿Eso hace de uno un facha? ¿Es usted un facha?
R. Pues creo que no. Pero cuando yo era joven ya llamaban facha a cualquiera. Mire usted, el fascismo ha existido y ha tenido ingredientes y rasgos muy concretos y muy reconocibles como ideología: el culto al jefe, el gusto por la guerra, la intolerancia contra el enemigo político… y ahora se usa un poco para todo, para insultar a cualquiera. Y lo mismo ha pasado con el concepto de “extrema derecha”. Bueno, es inevitable, y creo que en Francia está íntimamente ligado al ascenso de Agrupación Nacional [Rassemblement National, el partido de Marine Le Pen, que figura como favorito en las encuestas para las próximas elecciones presidenciales]. Pero yo no creo que Marine Le Pen haya heredado las obsesiones de su padre.
P. ¿Marine Le Pen no es extrema derecha?
R. Yo creo que son nacionalistas, conservadores, o muy conservadores, pero no fascistas ni extrema derecha.
P. ¿Cómo vislumbra una República Francesa presidida por Marine Le Pen, si gana?
R. No creo que fuera muy diferente de lo que hace Giorgia Meloni en Italia. Pero a nivel europeo estamos ante un movimiento bastante generalizado, el de los nacionalistas ultraconservadores. Lo que hace que, de rebote, la izquierda se esté volviendo cada día más agresiva, y que tenga miedo y que acabe “extremaderechizando” a todo el mundo.
P. Bueno, también usted ha hablado de la “escoria izquierdista”. Tampoco parece un apelativo demasiado justo ni, desde luego, moderado…
R. A mí me parece que el nivel del izquierdismo ha bajado muchísimo en relación al pasado. Cuando yo era joven, toda la gente de izquierdas había leído o leía a Marx. Hoy no creo que lo hagan. Ni tengo claro que fueran capaces. Marx es complejo.
P. Los disturbios callejeros que eran tradicionales en Francia —chalecos amarillos, movimiento estudiantil, etcétera— ahora han llegado a ciudades españolas como Bilbao y Barcelona, con participación de cientos de menores encapuchados asaltando comercios y agrediendo a gente. ¿Qué cree que está pasando?
R. La verdad es que, en lo de España, no lo sé, no tengo información… pero leí una entrevista con Elon Musk donde decía que hay un peligro de guerra civil… ¡en Inglaterra! ¡Vete a saber por qué en Inglaterra! Y sospecho que este tío debe estar bien informado…
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