Skip to content
  sábado 26 septiembre 2026
Novedad
septiembre 26, 2026Muere a los 81 años Eduardo Rodríguez Rodway, último superviviente de Triana septiembre 26, 2026‘La bola negra’ gana el Premio del Público en el Festival de Cine de San Sebastián septiembre 26, 2026U2 sorprende en Dublín con una noche de conciertos en los lugares donde dio sus primeros pasos, hace ahora 50 años septiembre 26, 2026Se estrenó en cines y ahora es top 10 en Amazon Prime Video: un thriller de acción de solo 1 hora y 48 minutos ideal para una tarde de sofá y palomitas septiembre 26, 2026Muere el músico José Costas Peón, Peón Kurtz, uno de los fundadores de Def Con Dos septiembre 26, 2026Belén Esteban vuelve a Telecinco en ‘De viernes’: Un ‘belenazo’ recalentado septiembre 26, 2026Alberto Muñagorri: vida y vértigo del niño de la bomba septiembre 26, 2026Revelaciones de una lectura pausada del libro de Charles Spencer sobre Diana de Gales: humillaciones, los desplantes de Carlos III y un romance secreto de la reina Isabel septiembre 26, 2026De “¿eres mantero?» a “¿eres modelo?“: la historia de Cheikh, de una patera a las pasarelas septiembre 26, 2026Donald Trump en Albacete
  • Entradas
  • Sobre Nosotros
  • Contacto
EscritoresdeÉlite | Todo lo que pase en la Élite lo contamos.
  • Arte
  • Cine
  • Televisión
  • Cultura
  • Libros
  • Teatro
  • Historia
  • Contacto
EscritoresdeÉlite | Todo lo que pase en la Élite lo contamos.
EscritoresdeÉlite | Todo lo que pase en la Élite lo contamos.
  • Arte
  • Cine
  • Televisión
  • Cultura
  • Libros
  • Teatro
  • Historia
  • Contacto
  • Entradas
  • Sobre Nosotros
  • Contacto
EscritoresdeÉlite | Todo lo que pase en la Élite lo contamos.
  Libros  Alberto Muñagorri: vida y vértigo del niño de la bomba
Libros

Alberto Muñagorri: vida y vértigo del niño de la bomba

septiembre 26, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

Cuando escuchó la explosión, que resonó por todo el casco viejo, lo primero que le vino a la cabeza a Sara Berdasco fue que menos mal que había dejado las ventanas del salón abiertas. “Si no”, pensó, “me destroza los cristales”. Aquella bomba, que se detonó en el interior de una mochila abandonada en la calle el mediodía del 26 de junio de 1982, no destrozó los cristales del piso de Sara. Destrozó el cuerpo de su hijo pequeño, de 10 años, que yacía requemado en la calzada a dos manzanas de allí, sobre un charco de sangre espesa, la pierna izquierda hecha trizas, los tímpanos reventados, el ojo derecho sin visión y el izquierdo dañado, el pequeño cuerpo lleno de metralla. El estruendo de la explosión, el aullido de la ambulancia. Después, el silencio. La banda sonora intermitente de Rentería, Gipuzkoa, y de tantos otros pueblos vascos, en los años de plomo de ETA. Esta es la historia de Alberto Muñagorri.

Seguir leyendo

 Cuando escuchó la explosión, que resonó por todo el casco viejo, lo primero que le vino a la cabeza a Sara Berdasco fue que menos mal que había dejado las ventanas del salón abiertas. “Si no”, pensó, “me destroza los cristales”. Aquella bomba, que se detonó en el interior de una mochila abandonada en la calle el mediodía del 26 de junio de 1982, no destrozó los cristales del piso de Sara. Destrozó el cuerpo de su hijo pequeño, de 10 años, que yacía requemado en la calzada a dos manzanas de allí, sobre un charco de sangre espesa, la pierna izquierda hecha trizas, los tímpanos reventados, el ojo derecho sin visión y el izquierdo dañado, el pequeño cuerpo lleno de metralla. El estruendo de la explosión, el aullido de la ambulancia. Después, el silencio. La banda sonora intermitente de Rentería, Gipuzkoa, y de tantos otros pueblos vascos, en los años de plomo de ETA. Esta es la historia de Alberto Muñagorri. Seguir leyendo  

Cuando escuchó la explosión, que resonó por todo el casco viejo, lo primero que le vino a la cabeza a Sara Berdasco fue que menos mal que había dejado las ventanas del salón abiertas. “Si no”, pensó, “me destroza los cristales”. Aquella bomba, que se detonó en el interior de una mochila abandonada en la calle el mediodía del 26 de junio de 1982, no destrozó los cristales del piso de Sara. Destrozó el cuerpo de su hijo pequeño, de 10 años, que yacía requemado en la calzada a dos manzanas de allí, sobre un charco de sangre espesa, la pierna izquierda hecha trizas, los tímpanos reventados, el ojo derecho sin visión y el izquierdo dañado, el pequeño cuerpo lleno de metralla. El estruendo de la explosión, el aullido de la ambulancia. Después, el silencio. La banda sonora intermitente de Rentería, Gipuzkoa, y de tantos otros pueblos vascos, en los años de plomo de ETA. Esta es la historia de Alberto Muñagorri.

1. “Un niño en blanco y negro”

“Para mí Alberto era un niño en blanco y negro”, recuerda Ander Izagirre, de 50 años, que publica, después de ocho años de trabajo, La mochila (Libros del K.O.), un libro sobre la vida de Muñagorri que llega el 5 de octubre a las librerías. “Era un nombre casi mítico, legendario. A todos los niños de los ochenta nos decían en casa: si ves una mochila en la calle no la toques, acuérdate del niño de Rentería. Alberto Muñagorri era una advertencia. Marcó a nuestra generación”.

Un día de 2018 ese niño en blanco y negro le contactó. Era un adulto de 46 años con una vida feliz, salud, un trabajo, una pareja. Quería contar su historia. “Yo había empezado a compartir mi experiencia con los chavales, en colegios, y una vez un periodista me dijo que mi historia merecía un libro”, cuenta Muñagorri. “Así fue cómo empecé a darle vueltas a la cabeza y me puse yo a escribir. Pero soy pésimo escritor. Escribí tres páginas, entonces hablé con un conocido y me habló de Ander”.

***NO REPUBLICAR, NO REUTILIZAR***
Alberto Muñagorri, a los diez años de edad, cuando fue víctima de un atentado de ETA.

Izagirre es un reportero y escritor donostiarra, que ha abordado desde el periodismo narrativo, en una veintena de libros, temas tan diversos como el fútbol (Subcampeón, 2023) o las duras condiciones de la minería boliviana, en el premiado Potosí (2017). Resultó que Muñagorri estaba en las carpetas de proyectos futuros de Izagirre. Quería escribir sobre ETA, sobre el ambiente que vivió en su propia infancia, y tenía en mente un libro con una colección de historias. Pero, cuando se encontraron, comprendió que la historia de Muñagorri lo abarcaba todo.

“Para mí fue impactante pasar de la foto en blanco y negro a un adulto en color y en movimiento”, recuerda. “Un hombre que ocupaba un espacio público, que hablaba y que quería contar su historia. Su historia, hasta entonces, se la había escrito el que le había puesto la bomba. Lo que sabíamos era que le había explotado una bomba y se había quedado sin pierna y lleno de heridas. En cuanto hablamos un par de veces yo entendí que la vida de Alberto era impresionante porque servía para explicar un montón de cosas. Era una historia complicada, no era un relato maniqueo. Entre esa foto en blanco y negro y ese encuentro en persona está el vértigo de una vida”.

2. “Ecología o muerte”

El sol se abre paso entre las nubes esta tarde de un viernes de septiembre, y se refleja en los adoquines, todavía mojados por la lluvia de la mañana, de la angosta calle Magdalena del casco viejo de Rentería. En el número 24 había un cuartel de la Guardia Civil, que después fue comisaría de la Policía Nacional. Había follón cada dos por tres. Los manifestantes por un lado, los antidisturbios por otro. Pedradas, porrazos coches cruzados, basuras ardiendo, cristales rotos, botes de humo. Alberto y sus hermanos coleccionaban pelotas de goma que recogían del balcón y de la calle. El cristalero era como de la familia. De crío, inspirado por lo que veía cada día, Alberto puso una barricada en la vía del Scalextric para que los coches se chocaran. Les echó alcohol y les prendió fuego.

Alberto Muñagorri y Ander Izagirre, paseando por Rentería. ALEX ITURRALDE

Ander y Alberto caminan y charlan con la complicidad de ocho años de amistad, con la confianza que se forja entre quien se ha abierto de par en par y quien ha hurgado en los rincones menos cómodos de la vida del otro. El proceso se alargó porque Muñagorri cayó en horas bajas. Depresión, divorcio. Pero alargar el proceso, coinciden ambos, acabó dando al proyecto una dimensión que no tenía. La vida que estaban contando seguía. Alberto empezó a reunirse con presos de ETA en las cárceles, en un programa discreto de reparación, y Ander le acompañó. “Se ha enriquecido mucho porque yo hice una evolución”, recuerda Alberto. “He reflexionado mucho más sobre mi historia”.

Se detienen en un portal de esa calle, hoy peatonal, donde sigue viviendo la madre de Alberto. “Desde aquí salí la mañana de la bomba”, explica. Pasó como cada mañana por debajo de las vías del tren. “Pasé por casa de mi amoña para que me diera la paga giré a la izquierda por esta calle”.

Donde se levantan ahora asépticos edificios residenciales de pisos había antes una fábrica, de la que queda solo erguida una chimenea de piedra como recuerdo. “Aquí había un murete que solíamos saltar para entrar a las ruinas de la fábrica y coger gomas para el tirachinas. En ese murete estaba la mochila, la había traído un empleado de Iberduero que la encontró en la puerta de la oficina”. En la persiana de una puerta de aquella oficina, que hoy acoge un centro de estética, había entonces una pintada: “Ekologia ala hil”. Ecología o muerte. Así lo recoge una fotografía que sirvió la agencia EFE aquel día en la que, sobre el maletero de un Seat 124, descansan las Adidas del pequeño Alberto atrofiadas por la metralla.

La bomba era parte de la campaña etarra contra la construcción de la central nuclear de Lemoniz. Un episodio en la historia reciente de Euskadi al que se acerca otra novedad editorial estos días, Lemoniz (Norma), cómic de Florentino Flórez y Guillermo Sanna. En los últimos años del franquismo se planearon varios reactores nucleares en el País Vasco. El último proyecto en morir fue este, en la costa vizcaína. Con los partidos políticos prohibidos, la causa antinuclear generó una fuerte movilización social, estructurada en asambleas en pueblos y barrios, en las que confluyeron otras causas como la independencia, el euskera, el feminismo o el rechazo a la violencia policial, que latían entre la agonía del franquismo y el inicio de la Transición. A finales de los setenta, ETA identificó el poder del movimiento antinuclear y se apropió de la causa. “ETA iba cogiendo banderas que tenían éxito para situarse en la vanguardia de las luchas sociales”, explica Ander. “Lo hacían con métodos tan salvajes como dejar una mochila con una bomba en mitad de la calle y que pasara un niño por ahí”.

Entrada a las oficinas de Iberduero en Rentería, el día en que le explotó la bomba a Alberto Muñagorri, cuyas zapatillas pueden verse en primer término. EFE
Más Noticias

Zadie Smith: “Discutimos si la IA es capaz de escribir poemas mientras sus creadores nos advierten de nuestra extinción como especie”

septiembre 15, 2026

Una lectora: “Nos exigen puntualidad y son los gobiernos quienes llegan tarde”

septiembre 21, 2026

Festivales literarios: el espectáculo del libro

septiembre 20, 2026

El gestor de Cosmopoética muere en un accidente de moto en víspera de la apertura del festival

septiembre 25, 2026

Cuando la madre dejó aquella tarde a Alberto en la UCI y regresó a Rentería, para organizar a sus otros dos hijos y dejarlos en casa de la abuela antes de volver al hospital, se encontró de frente con una manifestación que recorría la calle Magdalena al grito de “¡Gora ETA militarra!”. “La situación era muy compleja”, resume Izagirre. “Aquí había un puré espectacular”.

3. “Un puré espectacular”

Pocas horas después de la bomba el Ayuntamiento de Rentería celebró un pleno extraordinario. Se habló de solidaridad con la familia, de “consternación por el hecho”. Pero también de “la falta de escrúpulos de Iberduero para llevar adelante su proyecto imperialista” y de la responsabilidad de la policía que, a pesar de los avisos, no había recogido la mochila, lo que hacía pensar que “existe una voluntad de que ocurran este tipo de hechos”.

Mientras Alberto salía del quirófano con una pierna amputada y ciego de un ojo, el Ayuntamiento de su pueblo, tras un crispado pleno, aprobaba una moción que no mencionaba a los autores del atentado, no contemplaba ayudas para la víctima, señalaba a la policía y a Iberduero, y denunciaba la falta de libertades de la izquierda abertzale. PSOE y el PNV, resume Izagirre en el libro, acabaron apoyando una moción en la que se denunciaban a sí mismos como represores de los vascos.

Alberto estuvo dos meses en el hospital. Le visitaron los jugadores de la Real. Le visitó hasta Antonio Ferrandis, el actor que daba vida al popular Chanquete de Verano azul. Recibió cartas de todos los rincones de España. De casi todos. Uno de los primeros días que se vieron Izagirre y Muñagorri, este le mostró dos cajas llenas de misivas que conservaba. Solo una, le dijo, era de su pueblo. “Cuando estábamos en el hospital, mi madre siempre decía que estarían esperando a que llegáramos a Rentería para arroparnos, pero qué va”, lamenta Alberto. “A ver, que ha habido gente que se preocupó, que me mimó, pero la norma general del pueblo era… bueno, como si no existiese”.

Lo que se normalizaba en esos años en lugares como Rentería es difícil de asimilar hoy. “A mí hay una escena que me maravilla”, señala Izagirre. “Es cuando se juntan, en casa de la madre, el hermano de Alberto, que está enganchado a la heroína; sus dos amigos, que uno va a entrar en la cárcel por kale borroka y el otro por pertenencia a ETA; y Alberto, que ha perdido una pierna por una bomba de la banda. Y están los cuatro comiendo en la misma mesa. O sea, este pueblo es complicado, ¿no?”.

Alberto estuvo dos meses en el hospital y recibió cartas de toda España. Solo una era de su pueblo

Por el libro, alrededor de Muñagorri, desfilan víctimas de uno y otro lado. Como Daniel Muñoz que, con siete años, el 1 de enero de 1982, unos meses antes de la bomba que mutiló a Muñagorri, bajó a la Alameda para celebrar el año nuevo. Había bronca. Un guardia civil abrió fuego con su metralleta hacia la multitud y una bala atravesó los dos muslos del niño. “No tenía nada que ver con nada, pero es otra víctima de esto”, explica Izaguirre. “Son muchas cosas que desbordan lo que es un relato muy simple. Alberto y Daniel se conocían del videoclub, pero nunca habían hablado de sus casos. Todos se conocen en el pueblo pero no hablan. Los que hemos crecido aquí creemos que tenemos una idea de lo que ocurrió. Pero a mí, cuando empezaba a mirar la hemeroteca de esos años, me impresionaba el nivel de violencia cotidiana diaria que había en las portadas de los periódicos. Era una salvajada. Un nivel que no te podías imaginar. Me parecía que había que intentar contar todo lo que había pasado aquí. El lector sabrá interpretar lo que le parezca, pero creo que hay un intento consciente de contar toda la historia completa de Rentería”.

4. “Tienes dos opciones”

En la cama del hospital, al ver el alcance de sus heridas, Muñagorri flaqueó. “Ama, es que ya nunca voy a ser el mismo de antes”, le dijo a su madre. Ella se puso muy seria y le dijo: “Tienes dos opciones: o quedarte triste y enfadado en un rincón o seguir haciendo las cosas que te gustan y ser feliz”.

El pequeño Muñagorri eligió la segunda opción. Vaya si lo hizo. Sus heridas no iban a limitarlo. Aunque las cicatrices le dolieran durante años y años de curas. Aunque a los 14 años le saliera una bola de cables y plásticos negros de un bulto en el muñón. Aunque el ojo se complicara, las prótesis no funcionaran, las ayudas no llegaran. Muñagorri se comió la vida. Corrió medias maratones, pedaleó, nadó, disputó el campeonato de España de paratriatlón, bailó hasta el amanecer, empalmó noches y días hasta arriba de speed de discoteca en discoteca.

Ander Izagirre y Alberto Muñagorri, en Rentería. ALEX ITURRALDE

“Yo he tenido una vida que considero que ha sido buena”, asegura. “He sido feliz, me he divertido. Me he divertido mucho. He sido muy gamberro, pero yo creo que fue como un mecanismo de autoprotección para no quedarme en casa arrinconado. Yo seguí el camino, un poco a lo bestia, que me marcó mi madre. Tienes que ser feliz y no odiar. Ese fue un poco mi objetivo. Yo quería quitarme la etiqueta. Yo era Alberto Muñagorri. Y ya si alguien me preguntaba qué me había pasado, pues le contaba”.

“Esa etapa de juventud te da una dimensión que rompe el tópico de víctima”, añade Izagirre. “Por supuesto, todo ese sufrimiento esta ahí. Pero a veces damos versiones muy reducidas de la gente: una víctima es una víctima. Y, joder, que una víctima estuviera haciendo caballitos con la Vespa de madrugada en el casco viejo de Rentería, eso da un dimensión humana, compleja, que es parte de la vida”.

5. “¿Quieres una metáfora?”

Las paredes del casco viejo de Rentería lucen como un collage de carteles de distintas causas: Palestina, feminismo, medio ambiente, acercamiento de presos… Y ahí, en un lugar prominente, 16 años después del cese de la violencia armada, destaca una serie de carteles recién colocados en homenaje a miembros de ETA fallecidos. En más de 40 años desde que le explotó la bomba, el rostro de Muñagorri no ha adornado cartel alguno en su pueblo. “Lo que me molesta es que todavía sigue funcionando la invasión del espacio público única y exclusivamente por una parte”, lamenta. “Me genera indignación. No se tiene en consideración el dolor de las víctimas. Yo puedo entender el sufrimiento de las familias, pero también quiero que entiendan el sufrimiento de los que vemos esas cosas y hemos sufrido la violencia de esa parte. Tenemos una deuda pendiente. Todo esto lo está corrigiendo el paso del tiempo y eso no puede ser. Lo tenemos que empezar a corregir la sociedad”.

Muñagorri, que hoy es concejal en Rentería, donde ha vivido toda su vida, asegura que lloró más cuando ETA anunció el cese de la violencia que en toda su vida anterior. “Es que ahí es cuando miro atrás y me da muchísima pena”, explica. “Miro atrás y digo: para qué cojones ha servido, a qué nos ha llevado todo esto. Ha habido sufrimiento por un lado, sufrimiento por el otro, ¿para qué? ¿Para estar así? ¿Para que a mí me falte una pierna y otro se haya comido 25 años de cárcel? ¿Para esto? Luego ya, cuando empiezan los discursos políticos de alto nivel, yo ahí me pierdo. Yo soy un tío de la calle”.

Nadie pagó por la bomba que destrozó a Muñagorri. Es uno de los muchos crímenes etarras sin resolver. Pero él cree que sabe quién la colocó. Se lo cruza a menudo por la calle y él le retira la mirada. A Muñagorri le gustaría hablar con él. “¿Sabes? Ayer alguien me dijo que cree que el libro puede dar resultado y que se animará a hablar conmigo”, asegura Muñagorri. “Me dijo que igual me llevaba una sorpresa. A mí me gustaría saber qué hizo. A qué hora se levantó, qué pensó. Igual puede salir mal. Que me diga que lo que me pasó fue una putada pero que está orgulloso de haber colocado esa bomba. A mí me gustaría que esa persona hubiera tomado conciencia del daño. Que me pidiera perdón, no sé, es que no encuentro otra palabra. Pero ya estoy preparado para todo. Yo le animaría, tiene mi perdón, no le voy a humillar o machacar. Si quiere, que hiciéramos algo juntos. Imagínate una charla en Rentería conmigo y con el tío que puso la bomba, y que los dos podamos dar un mensaje de esperanza, positivo y fértil para que todo eso no vuelva a ocurrir a nadie más”.

“Sería el broche perfecto”, coincide Izagirre. Termina la charla, se apaga la grabadora y el sol parece estar ganando la batalla a la lluvia en el cielo de Rentería. Al fondo, en el horizonte, se dibuja un gran arco iris. Ambos lo contemplan. Entre risas, Izagirre lo señala: “¿Quieres una metáfora?”.

Ander Izagirre
Libros del K.O., 2026
408 páginas. 23,90 euros

Búsquelo en su librería

 EL PAÍS

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Revelaciones de una lectura pausada del libro de Charles Spencer sobre Diana de Gales: humillaciones, los desplantes de Carlos III y un romance secreto de la reina Isabel
Belén Esteban vuelve a Telecinco en ‘De viernes’: Un ‘belenazo’ recalentado
Leer también
Cultura

Muere a los 81 años Eduardo Rodríguez Rodway, último superviviente de Triana

septiembre 26, 2026
Cultura

‘La bola negra’ gana el Premio del Público en el Festival de Cine de San Sebastián

septiembre 26, 2026
Cultura

U2 sorprende en Dublín con una noche de conciertos en los lugares donde dio sus primeros pasos, hace ahora 50 años

septiembre 26, 2026
Cultura

Se estrenó en cines y ahora es top 10 en Amazon Prime Video: un thriller de acción de solo 1 hora y 48 minutos ideal para una tarde de sofá y palomitas

septiembre 26, 2026
Cultura

Muere el músico José Costas Peón, Peón Kurtz, uno de los fundadores de Def Con Dos

septiembre 26, 2026
Televisión

Belén Esteban vuelve a Telecinco en ‘De viernes’: Un ‘belenazo’ recalentado

septiembre 26, 2026
Cargar más

MARÍA BELÉN MAÑAS ALONSO CONVIERTE NUEVE AÑOS DE MEMORIA FAMILIAR EN «SENTIMIENTOS CON S DE MAÑAS»

agosto 3, 2026

Yamal, tan lúcido y tan afortunadamente normal

septiembre 19, 2026

NOELIA SUÁREZ GÓMEZ REVOLUCIONA LA GESTIÓN DEL CONFLICTO EN SU ENSAYO ‘LA MEDIACIÓN: LA MESA DE LAS OPORTUNIDADES’

julio 21, 2026

MARÍA INMACULADA LÓPEZ CARRILLO REFLEXIONA SOBRE LA AUSENCIA, EL AFECTO Y LOS VALORES HUMANOS EN SU DEBUT LITERARIO ‘UNA VIDA SIN VERTE’

septiembre 15, 2026

JOHN CABALLERO REVOLUCIONA EL RELATO CORTO DE MISTERIO Y REFLEXIÓN EN SU ESPERADA NUEVA OBRA ‘INSOMNIA’

julio 30, 2026

‘En el corazón de la bestia’: Brad Pitt recupera la llamada de la naturaleza de Jack London

septiembre 25, 2026

Woody Allen comienza a rodar su nueva película en Madrid el 5 de octubre

septiembre 14, 2026

Dale medio pan y un libro

septiembre 13, 2026

‘Sants’: Victoria Luengo no es suficiente en una irregular y arriesgada mezcla de thriller y drama familiar (***)

septiembre 24, 2026

JAVIER VEGA BOTERO PROPONE SANAR EL AMOR CONYUGAL EN ‘VOCES QUE SANAN’

agosto 31, 2026

    © 2024. EscritoredeÉlite. Todos los derechos reservados.
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad