Mientras la mayoría del cine español posa su mirada en el presente, determinados directores vuelven la vista al pasado para seguir radiografiando el aquí y el ahora, que igual no es tan distinto a lo de antes. En apenas dos meses, Fernando González Molina y Pedro Aguilera han estrenado sendas nuevas versiones de dos extraordinarias obras de arte que, en principio, eran historias de su tiempo: Mi querida señorita, de Jaime de Armiñán, y La caza, de Carlos Saura. Dos retos (in)necesarios y suicidas. Aun así, los dos salen relativamente vivos.
El guion, además de relectura en clave temporal, no deja de ser un ‘remake’ al uso, pues los acontecimientos y los personajes son básicamente los mismos
Mientras la mayoría del cine español posa su mirada en el presente, determinados directores vuelven la vista al pasado para seguir radiografiando el aquí y el ahora, que igual no es tan distinto a lo de antes. En apenas dos meses, Fernando González Molina y Pedro Aguilera han estrenado sendas nuevas versiones de dos extraordinarias obras de arte que, en principio, eran historias de su tiempo: Mi querida señorita, de Jaime de Armiñán, y La caza, de Carlos Saura. Dos retos (in)necesarios y suicidas. Aun así, los dos salen relativamente vivos.
El guion de Día de caza de Aguilera y Lola Mayo, coescritora habitual del cine de Javier Rebollo (Lo que sé de Lola, La mujer sin piano), además de relectura en clave temporal, no deja de ser un remake al uso, pues los acontecimientos que se suceden son básicamente los mismos, y los personajes, casi exactos en sus interioridades y exterioridades. Empezando por la pusilánime vulnerabilidad alcohólica del rol compartido por José María Prada y Carmen Machi, hasta el paupérrimo guardés de la finca que interpretaba Fernando Sánchez Polack en la de Saura, que sigue igual de masacrado por los señoritos (aquí, señoras), con la salvedad de que ahora es un trabajador latinoamericano que reclama mejores condiciones, y al que le endilgan la frase más despiadada y condescendiente del libreto: “Este invierno te voy a prestar un radiador [para que no pases frío]”. Clasismo de entonces, clasismo de ahora.

La apuesta empieza mal en su primer trecho porque hay demasiados (y obvios) subrayados acerca de los personajes: la pulserita con la bandera de España; la pedantería en las actitudes (“Delicioso el matiz afrutado del vino”). Y también a causa de determinadas decisiones de puesta en escena, asentadas en la grandilocuencia de estilo, que nada suman: las miradas a cámara en las conversaciones, como si Aguilera no se hubiera despegado aún de las raíces formales del cine de Jaime Rosales, con las que inició su carrera en La influencia (2007). Pero poco a poco se va entonando, gracias en buena parte a las tres excelentes actrices (Rossy de Palma, Blanca Portillo y Machi), hasta llegar a un eficaz clímax de violencia que, sin alcanzar nunca las cotas fotográficas y de montaje de la de Saura, intenta emular incluso la disonante música de percusión de Luis de Pablo.
Película de mercadeos con la amistad, a veces demasiado explícita, Día de caza verbaliza recalificaciones, peticiones de comisiones, relaciones con los alcaldes y los consejos de administración de los bancos y posibles expropiaciones. Y como gran novedad frente a la original, aporta ese raro clima de desconcierto y temor ante las grabaciones y la hipervigilancia. Los móviles que graban, los dispositivos electrónicos y hasta los drones que sobrevuelan la finca responden a una década y media de corrupciones marcada por gañanes como el comisario Villarejo, y a una actualidad en la que cada día se demuestra que no hay charla privada que valga. Una atmósfera de paranoia y autodestrucción que roza los talones de Richard Nixon, el Watergate y La conversación, de Francis Ford Coppola.
Revisión de una vieja España para una nueva España que, pese a lo mucho avanzado, en algunos aspectos se sigue pareciendo demasiado a la de antaño, Día de caza pone sobre la mesa unas actitudes, unas rencillas, una crueldad y una corrupción que, según quién la reflexione, llegará a la conclusión de que no entiende de credos o que los del poder siguen siendo los mismos de la dictadura. Pero el caso es que muestra una desgraciada institucionalización de nuestras más podridas entrañas, y un sistema social que se resquebraja cada cierto tiempo, si es que no ha estado roto desde siempre. Como en la película original de Saura, a los jóvenes, cual chaval de Los 400 golpes huyendo hasta toparse con la frontera del mar, solo les queda correr. El problema es hacia dónde.
Día de caza
Dirección: Pedro Aguilera.
Intérpretes: Blanca Portillo, Rossy de Palma, Carmen Machi, Zoe Arnao.
Género: drama. España, 2026.
Duración: 94 minutos.
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