Si no existieran los títulos de crédito y te preguntaras con gesto de pasmo o frotándote los ojos quién puede ser el creador de Digger, que para mis gustos se lleva la distinción de la película más pretenciosa, histérica y tonta del año (en medio, desgraciadamente, de tanta competencia a ese dudoso honor en el cine actual), resultaría algo complicado de asimilar. Es Alejandro González Iñárritu, ese director mexicano que me dejó perturbado e infinitamente agradecido con películas admirables como Amores perros, 21 gramos y Babel. Estaban coescritas con Guillermo Arriaga y percibes la suprema importancia de poseer un gran guion. Después vino el traumático divorcio artístico de dos cerebros que se complementaban con tanta brillantez. Y después llegó Biutiful, entre mística y llorona, pero en la que Javier Bardem conseguía el milagro de escapar del naufragio. También lo logró interpretando al escritor cubano Reinaldo Arenas con una interpretación conmovedora; es un actor inmenso Bardem. Y después, Iñárritu no me ha vuelto a seducir, aunque haya cosas sorprendentes y hermosas en Birdman y en El renacido. Por ello, no estaba preparado para encontrarme con algo tan nefasto llevando su firma.
El cineasta mexicano convierte una historia sobre el fin de la humanidad en un espectáculo histérico, pretencioso y narrativamente desastroso
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
Iñárritu convierte una historia sobre el fin de la humanidad en un espectáculo histérico, pretencioso y narrativamente desastroso


Si no existieran los títulos de crédito y te preguntaras con gesto de pasmo o frotándote los ojos quién puede ser el creador de Digger, que para mis gustos se lleva la distinción de la película más pretenciosa, histérica y tonta del año (en medio, desgraciadamente, de tanta competencia a ese dudoso honor en el cine actual), resultaría algo complicado de asimilar. Es Alejandro González Iñárritu, ese director mexicano que me dejó perturbado e infinitamente agradecido con películas admirables como Amores perros, 21 gramosy Babel. Estaban coescritas con Guillermo Arriaga y percibes la suprema importancia de poseer un gran guion. Después vino el traumático divorcio artístico de dos cerebros que se complementaban con tanta brillantez. Y después llegó Biutiful, entre mística y llorona, pero en la que Javier Bardem conseguía el milagro de escapar del naufragio. También lo logró interpretando al escritor cubano Reinaldo Arenas con una interpretación conmovedora; es un actor inmenso Bardem. Y después, Iñárritu no me ha vuelto a seducir, aunque haya cosas sorprendentes y hermosas en Birdman y en El renacido. Por ello, no estaba preparado para encontrarme con algo tan nefasto llevando su firma.
Y creo haber constatado que a Iñárritu le acompañan cuatro guionistas en Digger. O sea, que había mucha gente dándole vueltas a la historia y a su desarrollo. Y la cifra de lo que ha costado esta película debe de ser astronómica. E Iñárritu consigue que Tom Cruise, eterno rey Midas en todo lo que se refiera a la taquilla, acepte protagonizar algo que choca con sus postulados como productor, que montañas de maquillaje le deformen el careto y el físico. Imagino que en su convicción de que esta vez ya no se le puede escapar el Oscar, algo que sí ha merecido en otras interpretaciones. Y como espectacular hombre de negocios a través del cine, Cruise debe de haber flipado al constatar el resultado final. Incluido su histriónico y delirante personaje.

¿Y de qué va la movida ? Pues inicialmente de la ira, la perplejidad y la toma de decisiones cruciales del dueño del petróleo mundial cuando sus acojonados servidores le transmiten en el palacio y la cama que comparte con su gata -la cual, debido a su vejez, le transforma el lecho en un váter permanente-, que un inmenso glaciar que se ha desprendido en Groenlandia avanza hacia Europa y puede engendrar un tsunami apocalíptico. Media película transcurre entre las febriles órdenes que este hombre da a su ejército de ejecutivos, con especial atención y discusión con el presidente, un señor crispado permanentemente, a punto todo el rato de darle algo. Y gritan continuamente, son insoportables.
Y si les contara la segunda parte, me acusarían de hacer espóiler, término que me fatiga mucho. Digamos que la segunda parte está dedicada a una representación teatral que recrea lo que ocurrió en aquellos momentos que presagiaban el fin de la humanidad. Todo tan presuntamente sofisticado como aburrido, con pretensiones de gran sorpresa para los espectadores que todavía permanezcan despiertos. Y no sé qué tipo es de fábula moral, de crónica sobre la posibilidad cercana del fin del mundo, de constatación de la casi letal enfermedad que está padeciendo la humanidad y utilizando la sátira y el esperpento para describirlo. Y, por supuesto, todo ello narrado de forma desastrosa.
Digger
Dirección: Alejandro González Iñárritu.
Intérpretes: Tom Cruise, Riz Ahmed, John Goodman, Sandra Hüller, Michael Stuhlbarg, Jesse Plemons, Robert John Burke, Emma D’Arcy y Sophie Wilde.
Género: comedia dramática, sátira, aventuras. Estados Unidos y Reino Unido, 2026.
Duración: 128 minutos.
Estreno: 2 de octubre.
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