Hace tres años que un huracán de categoría cinco arrasó Acapulco. Entre las imágenes de una ciudad deshecha apareció lo imposible: la historia de unos marineros que sobrevivieron a Otis desde los barcos. La proeza de Marlon Valdez y Jonathan Chino fue resistir desde el agua los vientos que destrozaron edificios, arrasaron árboles y deslodaron cerros, que acabaron con la vida de, al menos, 52 personas y que dejaron 31 desaparecidos, la mayoría, marineros como ellos. Jorge Michel Grau (Ciudad de México, 53 años) leyó su historia y le “voló la cabeza”. A partir de ahí construyó una ficción, Contra el huracán, centrada en “dos personas ordinarias, comunes, que se enfrentan a lo extraordinario”. La película, que está basada en un reportaje de EL PAÍS y producida por Netflix y Perro Azul, se va a estrenar el 23 de octubre en cines.
El director va a estrenar con Netflix ‘Contra el huracán’, una ficción sobre los marineros que sobrevivieron al huracán ‘Otis’ de Acapulco en 2023, basada en un reportaje de EL PAÍS
Hace tres años que un huracán de categoría cinco arrasó Acapulco. Entre las imágenes de una ciudad deshecha apareció lo imposible: la historia de unos marineros que sobrevivieron a Otis desde los barcos. La proeza de Marlon Valdez y Jonathan Chico fue resistir desde el agua los vientos que destrozaron edificios, arrasaron árboles y deslodaron cerros, que acabaron con la vida de, al menos, 52 personas y que dejaron 31 desaparecidos, la mayoría, marineros como ellos. Jorge Michel Grau (Ciudad de México, 53 años) leyó su historia y le “voló la cabeza”. A partir de ahí construyó una ficción, Contra el huracán, centrada en “dos personas ordinarias, comunes, que se enfrentan a lo extraordinario”. La película, que está basada en un reportaje de EL PAÍS y producida por Netflix y Perro Azul, se va a estrenar el 23 de octubre en cines.
“Es un proyecto que sonaba inaudito para el cine nacional, para el presupuesto del cine nacional y sobre todo para la cosmovisión de lo que hacemos”, cuenta el director: “Era como prohibitivo pensar en películas tan grandes, pero de pronto te das cuenta que hay profesionales preparados y que tenemos el nivel para hacer películas de ese tamaño”. En Contra el huracán han trabajado a lo largo de tres años 800 personas, 500 de ellas solo dedicadas a los efectos especiales. “Estaba todo un ejército de personas haciendo agua del mar, oleaje y viento, capas y capas”, relata que Michel Grau, que considera que la película tenía el gran reto técnico de simular un huracán de máxima categoría, con vientos de 270 kilómetros por hora, en un foro de grabación.
“Nunca se había hecho en México una película de un desastre natural de este tamaño. Hay algunos ejercicios del terremoto, yo tengo una, 7:19, pero a una escala de presupuesto que uno entendería como cine independiente. Esta es una película que nunca se ha visto en el cine mexicano”, valora el director sobre el proyecto más grande que ha hecho. Después, enumera: en los estudios Churubusco, en Ciudad de México, construyeron para las tomas del agua un estanque de 200 m² y tres barcos de ocho toneladas, utilizaron ventiladores y bazucas de agua, tenían un esquema de gráficos de cómo se movió el viento y subió el nivel del mar a cada momento del huracán.

“La película tiene algo muy poderoso y es que nos lo tomamos muy en serio. Nosotros sabíamos a qué hora soplaba el viento y para qué lado y así lo filmábamos. Para que en la película tú veas minuto tras minuto cómo el huracán iba entrando, cómo los iba atrapando a ellos, cómo los arrancó del muelle y luego los regresó”, describe. Ese “ellos” son los dos personajes principales Whirpul y Cándido (los dos medios hermanos que protagonizan la película) y son también, claro, Marlon y Jonathan (que no son hermanos pero sí mejores amigos).
Los dos marineros de Acapulco fueron parte de la producción, asesoraron, estuvieron con los actores, fueron al set, ayudaron en la posproducción, revisaron en el guión los códigos entre los barcos, además, aparecen en una escena en pantalla y también son ellos quienes se comunican por radio con los protagonistas cuando llega el huracán. “Era jugar con la metaficción. Estábamos contando una historia donde ellos ahí estaban realmente, entonces lo que nosotros estamos viendo fue lo que les pasó, lo que les estaba pasando en ese momento”, explica Michel Grau.
“Fue un proceso muy padre”, cuenta Jonathan Chico por teléfono: “Desde hablar con los escritores, el director, contar la historia una y otra vez, ayudarle a los actores con los modismos, con cómo se maneja un barco, incluso hicimos nuestro supercameo. Todo ese tipo de cosas estuvieron muy, muy geniales”. Los dos marineros, de ahora 27 años, reconocen que están muy emocionados y también nerviosos de ver la adaptación. Ninguno de los dos volvió a trabajar en el mar tras el huracán. Marlon vive en Playa del Carmen, donde trabaja en un hotel, y Jonathan es desarrollador de software en Ciudad de México.






Además de las entrevistas con los dos marineros, el equipo de la película entrevistó a otros supervivientes de Otis, a miembros de Protección Civil, de la Marina y del Sistema Metereológico Nacional. Una investigación “exhaustiva” para lograr que en una película del huracán lo “menos importante” fuera el propio huracán. “Nosotros queríamos hacer un proyecto que tuviera identidad nacional. Entonces, ante un evento tan dramático y que se podría ver desde cualquier óptica: nosotros decidimos verlo como lo vería un mexicano”, relata el director. Describe el contraste entre los dos protagonistas, el humor ante situaciones límite, la reconocible relación entre hermanos: “Queríamos que la gente se reconociera en pantalla, que aunque podías distraerte con los efectos especiales y el huracán, no perdieras de vista que hay un mexicano igual que tú arriba del barco”.
Una de las aristas de la película es también una muy mexicana: la desigualdad social. Cuando Otis golpeó Acapulco en la noche del 25 de octubre había decenas de capitanes, marineros, mecánicos y hasta hostess encima de los barcos. Todos ellos fueron enviados por los propietarios de los yates y los veleros para cuidarlos. Esta práctica, habitual en el país cuando hay tormentas, se conoce como “velar”. Ese día, aun cuando ya se sabía de la llegada de Otis, patrones de dentro y, sobre todo, de fuera de Acapulco enviaron a trabajadores a enfrentarse a un huracán para que protegieran embarcaciones, que en su mayoría estaban aseguradas. Son 24 los marineros que, a día de hoy, siguen desaparecidos.
Esa tragedia también está representada en la película. “Nos servía también para tener a un antagonista, un villano que no fuera el huracán, porque en realidad el huracán no es un villano, es un evento que expone estas divisiones y disparidades sociales y las pone en carne propia”, razona Michel Grau, que profundiza en la ficción en el privilegio que da poder hacerse la pregunta: ¿y por qué se subieron a ese barco? Después de estar “un tiempo” en salas, la película se distribuirá en Netflix y el director avisa: “Quien la vea va a encontrar una película del huracán, pero sobre todo va a encontrar a México”.
EL PAÍS
