Todo enigma camina de la mano de la inquietud entre lo sublime y lo solo ridículo. El ejemplo estrella sigue siendo el que plantearon unos niños al bueno de Homero (hoy toda una estrella en los cines) en estos términos: «Lo que hemos atrapado y matado lo tiramos; lo que no hemos atrapado ni matado, lo llevamos con nosotros». El poeta se quedó pensando si en ese misterio infantil, quién sabe, no se encontraría la clave del mismo conocimiento humano. Más tarde, el propio Heráclito —este filósofo y responsable de la anécdota— hablaría de que el mundo sensible (el que atrapamos y tiramos) no es más que un engaño y que el verdadero saber queda del lado de esas otras certezas inasibles que nos conforman y siempre van con nosotros. O quizá a lo que se referían los críos es simplemente a los piojos. Sublime sin duda. Y ridículo también.
El argentino Iván Fund confecciona una metáfora tan profunda, atmosférica y enigmática como esencialmente inane
Todo enigma camina de la mano de la inquietud entre lo sublime y lo solo ridículo. El ejemplo estrella sigue siendo el que plantearon unos niños al bueno de Homero (hoy toda una estrella en los cines) en estos términos: «Lo que hemos atrapado y matado lo tiramos; lo que no hemos atrapado ni matado, lo llevamos con nosotros». El poeta se quedó pensando si en ese misterio infantil, quién sabe, no se encontraría la clave del mismo conocimiento humano. Más tarde, el propio Heráclito —este filósofo y responsable de la anécdota— hablaría de que el mundo sensible (el que atrapamos y tiramos) no es más que un engaño y que el verdadero saber queda del lado de esas otras certezas inasibles que nos conforman y siempre van con nosotros. O quizá a lo que se referían los críos es simplemente a los piojos. Sublime sin duda. Y ridículo también.
Con El mensaje de Iván Fund sucede algo parecido. Por un lado, resulta difícil no admitir el poder de la película para recrear un arcano que tiene que ver con todo aquello que está ahí y, sin embargo, somos incapaces de hacer nuestro, ni siquiera comprender. Se narra la historia de una familia itinerante que vive del supuesto poder de la niña de comunicarse con los animales y las mascotas, independientemente que se encuentren vivos o muertos. La fotografía de Gustavo Schiaffino acierta a capturar en un resplandeciente blanco y negro lo que discurre por debajo de la evidencia. Y toda la propuesta de Fund, muy pendiente de mezclar el más cruel de los verismos con lo sencillamente inexplicable, se instala en el asombro con una claridad tan extraña como encendida y contradictoria.
El problema llega de la mano de, precisamente, los piojos, que le dirían los niños al bueno de Homero. El mensaje hace de la indefinición su razón de ser y de su voluntad de perplejidad su fácil acomodo. Por momentos, la cinta se ofrece como quizá un acercamiento a la simple locura; a ratos, se trata de explotar la capacidad de estupor casi cómico que provoca el planteamiento inicial, y, al final, todo se queda en un lento discurrir a un lugar poético sí, pero demasiado cercano a ninguna parte. Lástima que El mensaje se muestre en todo momento incapaz de ofrecer nada que no sea el hallazgo de su muy enigmático punto de partida tan sublime sin duda como, admitámoslo, ridículo.
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Director: Iván Fund. Intérpretes: Anika Bootz, Mara Bestelli, Marcelo Subiotto, Betania Cappato. Duración: 91 minutos. Nacionalidad: Argentina.
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