Me parece un basurero al gusto de la clase media, clónico en sus planteamientos, pero tampoco ignorante sobre algo llamado calidad. Hablo de Netflix, esa plataforma en la que vive o sobrevive todo cristo. Sus notas aclaratorias sobre lo que nos ofrecen y los problemas que podremos tener con sus contenidos son cómicos. También sus resúmenes escritos sobre la calidad o los contenidos que albergan. Pero siempre existen cosas que se desmarcan del embrutecimiento. Tiene que haber cerebros sofisticados y poderosos dirigiendo ese negocio tan inquietante.
Es complicado seguirle la ruta artística y existencial. El gran seductor también conoció la ruina y el olvido. Pero se reinventa, vuelve a ocupar el trono que corresponde a los dioses
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Es complicado seguirle la ruta artística y existencial. El gran seductor también conoció la ruina y el olvido. Pero se reinventa, vuelve a ocupar el trono que corresponde a los dioses


Me parece un basurero al gusto de la clase media, clónico en sus planteamientos, pero tampoco ignorante sobre algo llamado calidad. Hablo de Netflix, esa plataforma en la que vive o sobrevive todo cristo. Sus notas aclaratorias sobre lo que nos ofrecen y los problemas que podremos tener con sus contenidos son cómicos. También sus resúmenes escritos sobre la calidad o los contenidos que albergan. Pero siempre existen cosas que se desmarcan del embrutecimiento. Tiene que haber cerebros sofisticados y poderosos dirigiendo ese negocio tan inquietante.
Por ejemplo, me quedo extasiado con un documental muy largo sobre Frank Sinatra. Ya saben. Era aquel fascinante fulano que alguna vez afirmó: “Yo no vendo voz, vendo estilo”. Qué mentiroso, qué manipulador. Por supuesto que poseía toneladas de estilo, pero también sabía que hacía milagros permanentes con esa voz maravillosa. Fraseaba, la modulaba, le imprimía sentimiento, exaltación, tristeza, seducción. Dotaba de una fuerza fascinante a los sentimientos, a la soledad, al amor. Poseía clase, erotismo, esas cosas.
Y es complicado seguirle la ruta artística y existencial. El gran seductor también conoció la ruina y el olvido. Pero se reinventa, vuelve a ocupar el trono que corresponde a los dioses. Este hombre, aunque durmiera casi siempre con las mujeres más hermosas, habló inmejorablemente de lo aislada que se puede sentir el alma. Y sufrió que la gran Ava Gardner, que se parecía y actuaba como él, le destrozara el corazón con múltiples cornamentas y que mandara a tomar por culo al eterno seductor.
Siempre tuvo buenos contactos con la Mafia, pero se sintió intolerablemente despreciado por su adorado John F. Kennedy. Y es un fulano complejo el tal Sinatra. Pero yo le amo incondicionalmente cuando escucho, antes borracho, ahora sobrio, canciones como Rain in my heart, My way, New York, New York y Strangers in the Night. Le ocurre lo mismo a mi alma con Van Morrison, con Léo Ferré, con la Marianne Faithfull de los últimos años. ¿Qué fibra tan profunda me tocan? Creo adivinarla. Que siga ahí hasta el último día.
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