Hasta hace no mucho, Jonny Greenwood (Oxford, Reino Unido, 54 años) era sobre todo conocido como el guitarrista de Radiohead. Sin embargo, este músico de formación clásica tiene un bagaje mucho más amplio. Ha compuesto piezas para orquestas como la London Contemporary o la BBC Concert Orchestra y, más notoriamente, todas las bandas sonoras de los filmes de Paul Thomas Anderson desde Pozos de ambición (2007). Ha sido nominado hasta tres veces al Oscar a la mejor banda sonora original (la última, este mismo año por Una batalla tras otra). Además, ha grabado ya tres álbumes con The Smile —el otro grupo que comparte con Thom Yorke, vocalista de Radiohead, y que completa el batería Tom Skinner— y ha emprendido proyectos de colaboración con artistas de Oriente Medio como el israelí Dudu Tassa —de modo bastante controvertido—, y con Shye Ben Tzur y The Rajasthan Express, una agrupación de músicos repartidos entre Israel e India con quien ha hecho dos discos. El primero de ellos, Junun, se publicó en 2015 con bastante buena acogida por parte de la crítica, y se acompañó de un documental dirigido por el propio Paul Thomas Anderson. 11 años después, el mismo elenco se ha reencontrado en Ranjha. El músico ha atendido a ICON mediante videollamada desde su casa en Oxford.
Hasta hace no mucho, Jonny Greenwood (Oxford, Reino Unido, 54 años) era sobre todo conocido como el guitarrista de Radiohead. Sin embargo, este músico de formación clásica tiene un bagaje mucho más amplio. Ha compuesto piezas para orquestas como la London Contemporary o la BBC Concert Orchestra y, más notoriamente, todas las bandas sonoras de los filmes de Paul Thomas Anderson desde Pozos de ambición (2007). Ha sido nominado hasta tres veces al Oscar a la mejor banda sonora original (la última, este mismo año por Una batalla tras otra). Además, ha grabado ya tres álbumes con The Smile —el otro grupo que comparte con Thom Yorke, vocalista de Radiohead, y que completa el batería Tom Skinner— y ha emprendido proyectos de colaboración con artistas de Oriente Medio como el israelí Dudu Tassa —de modo bastante controvertido—, y con Shye Ben Tzur y The Rajasthan Express, una agrupación de músicos repartidos entre Israel e India con quien ha hecho dos discos. El primero de ellos, Junun, se publicó en 2015 con bastante buena acogida por parte de la crítica, y se acompañó de un documental dirigido por el propio Paul Thomas Anderson. 11 años después, el mismo elenco se ha reencontrado en Ranjha. El músico ha atendido a ICON mediante videollamada desde su casa en Oxford. Seguir leyendo

Hasta hace no mucho, Jonny Greenwood (Oxford, Reino Unido, 54 años) era sobre todo conocido como el guitarrista de Radiohead. Sin embargo, este músico de formación clásica tiene un bagaje mucho más amplio. Ha compuesto piezas para orquestas como la London Contemporary o la BBC Concert Orchestra y, más notoriamente, todas las bandas sonoras de los filmes de Paul Thomas Anderson desde Pozos de ambición (2007). Ha sido nominado hasta tres veces al Oscar a la mejor banda sonora original (la última, este mismo año por Una batalla tras otra). Además, ha grabado ya tres álbumes con The Smile —el otro grupo que comparte con Thom Yorke, vocalista de Radiohead, y que completa el batería Tom Skinner— y ha emprendido proyectos de colaboración con artistas de Oriente Medio como el israelí Dudu Tassa —de modo bastante controvertido—, y con Shye Ben Tzur y The Rajasthan Express, una agrupación de músicos repartidos entre Israel e India con quien ha hecho dos discos. El primero de ellos, Junun, se publicó en 2015 con bastante buena acogida por parte de la crítica, y se acompañó de un documental dirigido por el propio Paul Thomas Anderson. 11 años después, el mismo elenco se ha reencontrado en Ranjha. El músico ha atendido a ICON mediante videollamada desde su casa en Oxford.
¿Qué es lo más especial de este proyecto para usted? Creo que es bastante inusual hacer música tan sinceramente religiosa y devocional. Estos indios cantan sobre su fe y su creencia en los santos sufíes y lo divino, y lo hacen con verdadera pasión y vehemencia, y es precioso. No hay muchas bandas que hagan música sobre este tema en mi entorno. Hay grandes grupos, claro, pero o cantan sobre su alienación, o sobre coches rápidos, chicas y alcohol. Por otro lado, mucha gente va a la India como turista y se queda con detalles de su cultura, pero lo que diferencia a Shye, que nació en Nueva York y creció en Israel, es que ha dedicado su vida a la música de ese país. Su convicción me impresionó mucho, así como su dedicación y pasión por la música, y que se la tome tan en serio y la entienda tan bien.
Radiohead se llevó de teloneros a todos estos músicos en 2017 y 2018. ¿Cómo reaccionaron los fans? Muy bien. Se quedaron fascinados con los ritmos, la convicción y la fuerza de su canto. Es como ver a una banda de funk, porque tienen el mismo sentido de la repetición, el mismo tipo de líder apasionado, las mismas líneas de bajo…
Con Paul Thomas Anderson parece tener una relación bastante simbiótica… Bueno, es muy buen amigo y le gusta bromear conmigo. Es muy entusiasta con la música también. Me encanta que se ría de mí y, a la vez, se emocione tanto con lo que hago. Es un hombre muy gracioso, como sus películas.
¿Cómo es su proceso de composición para él? ¿Hay algún aspecto común o cada caso es diferente? Cada trabajo es distinto. Creo que la única similitud entre sus películas es que son hilarantes, pero también abordan temas muy serios. Por eso la música tiene que ser sincera, no hay nada irónico en ella, no es un guiño.
Supongo que recibirá muchas ofertas para hacer bandas sonoras. ¿Qué le lleva a decidirse por un proyecto o rechazarlo? Bueno, componer música para una película es un poco como unirse a una banda. Estás en un grupo con un director, así que se trata de averiguar si es la persona adecuada, si tiene un sentido del humor similar, y simplemente compartir la pasión. Supongo que lo que me convence es la historia y lo que se puede hacer con la música, con las orquestas y los instrumentos. Es una labor increíble, al principio sientes que no hay límites, por eso es tan divertido.
Su obra es muy prolífica. ¿Cómo es su rutina diaria de trabajo? Me levanto pensando en algo que probar con la guitarra o con el ordenador y normalmente estoy deseando empezar. Es un día perdido si no he tenido tiempo de trabajar en algo nuevo. Ahora mismo estoy tocando mucho la guitarra y tratando de crear un programa informático que me ayude a componer música nueva.

En noviembre del año pasado, Radiohead volvió de gira después de siete años sin tocar. ¿Cómo se sintió al hacerlo y cuál era el verdadero significado de esto? Fue increíble. Hubo un momento en que me quedé allí parado escuchando a Thom cantar y la banda tocar y pensando: ¡Qué sonido tan increíble! ¡Qué canciones tan geniales! Tenemos mucha suerte de poder seguir haciéndolo y que la gente quiera vernos. Hubo algunos conciertos geniales, especialmente divertidos, sobre todo en Madrid. Somos muy malos planificando con antelación como grupo, y cuando salimos de gira, tenemos que decidirlo con un año y medio de adelanto, lo cual es una locura. Estamos hablando de cómo hacerlo de nuevo, pero obviamente no pasará nada en mucho tiempo.
¿Eso quiere decir que no hay nuevo álbum a corto plazo? No tengo ni idea. Thom está trabajando en una grabación por su cuenta, así que quiere terminarla y luego, como dije, no planificamos con antelación, así que nadie lo sabe todavía.
¿Planea salir de gira con Shye y The Rajasthan Express? Nos encantaría, pero es muy caro conseguir que ocho o nueve indios vengan a Europa. Tenemos que esperar a ver si hay el suficiente interés en el disco.
“La música clásica tiende a exponerte más. Yo me siento más seguro en grupo. Cuando toco con Radiohead, me siento como si yo estuviese entre el público escuchando a la banda”
Hace un año, los conciertos que iba a realizar con Dudu Tassa en Reino Unido fueron cancelados tras una campaña de boicot. La organización que la promovía considera que, por ejemplo, el veto a artistas sudafricanos fue fundamental para terminar con el apartheid. Usted mostró su disconformidad en aquel momento. ¿Ha cambiado su planteamiento? (Largo silencio) Soy fan de muchas películas, escritores y músicos israelíes, y la música que hago con Dudu rescata canciones que son más antiguas que la mayoría de los países que actualmente están en conflicto. Eso siempre será más importante para mí. Cuando estuve en Madrid vi que había librerías que vendían abiertamente las novelas del escritor israelí Amos Oz, y no parece que hubiera ningún problema con eso. Para mí, cancelar la música es lo mismo que retirar los libros de las estanterías.
Sé que conoce muy bien la situación en ese país [Greenwood está casado con la artista visual israelí Sharona Katan desde 1995], ¿cómo se vive desde dentro lo que está sucediendo ahora mismo en Palestina y Líbano, desde la perspectiva del pueblo israelí? David, no estoy seguro de cómo se relaciona eso con que haya grabado un disco con músicos indios en Oxford.
En este momento, el representante de la discográfica, BMG, pide que la entrevista se centre únicamente en la música. Las dos preguntas que este periodista tenía preparadas sobre Palestina —sobre cómo se sintió al ver a otros colegas británicos detenidos por manifestarse en apoyo de la organización Palestine Action y si se habían producido discusiones internas en el seno de Radiohead— no pueden formularse.
El pasado octubre, el Sunday Times británico publicó una entrevista con Radiohead —la última en la que la banda ha abordado de forma conjunta el conflicto— en la que Thom Yorke afirmaba: “Prefiero no estar ni a 5.000 kilómetros del régimen de Netanyahu”. A lo que Greenwood respondía: “Los boicots solo refuerzan al gobierno, que los usa para decir que, como todo el mundo los odia, pueden hacer lo que les dé la gana. Y eso es mucho más peligroso”. En esa misma entrevista, el guitarrista aseguraba haber asistido a protestas en la llamada Plaza de los Rehenes, en Tel Aviv: “No puedes moverte por allí sin ver pegatinas que dicen ‘F*** Ben Gvir’ [Que le jodan a Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional]. Paso mucho tiempo en Israel con mi familia y no puedo simplemente decirle a la gente: ‘No voy a hacer música contigo por culpa de tu gobierno’. Eso no tiene ningún sentido para mí. No siento lealtad ni respeto por el gobierno israelí, pero sí por los artistas que nacieron allí“.
¿Se siente más nervioso tocando en salas de conciertos de música clásica o en escenarios de rock en grandes festivales? La música clásica tiende a exponerte más. Yo me siento más seguro en grupo. Cuando toco con Radiohead, me siento como si yo estuviese entre el público escuchando a la banda. En cambio, si estoy en un auditorio tocando una pieza de Steve Reich a la guitarra, yo soy la banda que está tocando para el público.
La grabación es un desarrollo constante, una exploración cada vez más profunda. Jonny siempre quiere ir a otro sitio”
Shye Ben Tzur
Cuando hace música, ¿qué es lo que siempre intenta evitar? El aburrimiento, la repetición innecesaria. Y es difícil, porque quieres que la siguiente nota del siguiente acorde sea una sorpresa, pero también tiene que ser correcta, satisfactoria y no un cliché. Tienes que encontrar el punto medio entre estos tres aspectos. Hay algunas canciones en las que oyes los dos primeros acordes y ya sabes cómo van a ser los cuatro siguientes, y eso me deprime. Pero a veces escuchas música tan aleatoria que resulta agotadora y te cansa, porque todo gira en torno al siguiente acorde o la siguiente nota.
¿Es más difícil componer música clásica que una canción rock? Es muy diferente, porque la música clásica está toda en papel mientras trabajas en ella durante seis meses o más, y luego todo se acaba en una hora, la interpretas una vez y ya está. No puedes saber si va a funcionar hasta que la escuchas, y para entonces ya es demasiado tarde. Una vez me dijeron que es como un espectáculo de fuegos artificiales: te pasas días y días preparándolo y luego todo se acaba en cinco minutos. Con una canción rock ya tienes una idea, sabes cómo va a sonar desde el principio, pero con la música clásica tienes que escucharla en tu cabeza y es muy diferente.

¿Quiénes son sus mayores ídolos musicales? Tom Waits, Olivier Messiaen… ¿Quién más? Me gustan muchos trompetistas de jazz, como Lee Morgan y Freddie Hubbard. Y me encanta Steve Reich. Creo que su música es muy interesante y él es un verdadero maestro. Fue interesante cuando tuve que trabajar en la grabación de una de sus piezas, Electric Counterpoint. Tuve que aprenderme la partitura muy bien, y al final te das cuenta de todos esos pequeños cambios que hace para que todo encaje con esos diminutos ajustes. Parece que lo ha puesto todo amontonado, pero hay muchísimo trabajo detrás, lo que me hace admirarlo aún más.
Cuando Jonny Greenwood abordó a Shye Ben Tzur para hacer música juntos, este no estaba familiarizado con su música. “Conocía Creep y alguna canción más de Radiohead, de cuando iba al instituto, pero a finales de los años noventa ya me dediqué a escuchar solo música clásica de la India y mucho género qawwali», dice, aludiendo a los cantos devocionales sufíes: es el estilo que cultiva el músico y graba en hebreo. “Yo compongo música desde que era niño, y siempre he estado buscando algo nuevo, algo fresco, algo diferente. En aquel entonces, necesitaba nuevas fuentes de inspiración, y escuchar cosas que no estaban directamente relacionadas con mi estilo habitual. Un amigo me llevó en Jerusalén a un concierto de música clásica india y fue algo muy especial. Increíble. Después de eso, decidí que necesitaba ir a la India para comprender mejor esa música, esa forma de arte. Me quedé más tiempo para profundizar en el tema, y luego un poco más, y aún sigo intentando comprenderlo mejor”, afirma Shye Ben Tzur, al otro lado de la pantalla, desde algún lugar de Israel.
Junun, su primer encuentro con el guitarrista de Radiohead, fue para él una experiencia transformadora, pero el carácter inconformista del músico de Oxford es lo que más le ha sorprendido. “Yo sentía que habíamos encontrado algo realmente especial, así que, al plantear este segundo álbum, pensé: “¡Vale, esto es genial, hagámoslo de nuevo!”, pero me dijo: “¡No, aquello fue increíble, hagamos otra cosa!”. Lo mismo ocurrió durante el proceso de grabación. Nos sentábamos a tocar y sonaba muy bonito. De repente, decide que quiere cambiar la guitarra por un sintetizador, y luego decide que quiere probar algo completamente diferente con los ritmos. Es un desarrollo constante, una exploración cada vez más profunda, Jonny siempre quiere ir a otro sitio”, apunta el músico.
EL PAÍS
