Las leopardas, ganadora del XXII Premio Tusquets, es la segunda novela de Marta Borraz (Huesca, 1981), tras Años de vida (Xordica). Ficcionalizada a partir de la historia real de una tía de la autora que murió de sida, es al mismo tiempo un relato de aprendizaje trágico, una crónica generacional y una novela familiar. También es un libro sobre el sida y un grupo de víctimas: la autora lo describe como un homenaje a las casi 6.000 mujeres que fallecieron por la enfermedad entre 1981 y 1996, un 18,62% del total.
Las leopardas, ganadora del XXII Premio Tusquets, es la segunda novela de Marta Borraz (Huesca, 1981), tras Años de vida (Xordica). Ficcionalizada a partir de la historia real de una tía de la autora que murió de sida, es al mismo tiempo un relato de aprendizaje trágico, una crónica generacional y una novela familiar. También es un libro sobre el sida y un grupo de víctimas: la autora lo describe como un homenaje a las casi 6.000 mujeres que fallecieron por la enfermedad entre 1981 y 1996, un 18,62% del total. Seguir leyendo
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
A partir de la historia real de su tía, la escritora compone una crónica familiar y generacional que rinde homenaje a las mujeres que fallecieron por la enfermedad entre 1981 y 1996


Las leopardas, ganadora del XXII Premio Tusquets, es la segunda novela de Marta Borraz (Huesca, 1981), tras Años de vida (Xordica). Ficcionalizada a partir de la historia real de una tía de la autora que murió de sida, es al mismo tiempo un relato de aprendizaje trágico, una crónica generacional y una novela familiar. También es un libro sobre el sida y un grupo de víctimas: la autora lo describe como un homenaje a las casi 6.000 mujeres que fallecieron por la enfermedad entre 1981 y 1996, un 18,62% del total.
Las leopardas arranca con el fallecimiento de Clara, narrado desde el punto de vista de su sobrina Berta, y luego cuenta, a saltos, la vida de Clara: la llegada a Zaragoza en la adolescencia, los veranos en el Pirineo, la universidad. Es la generación que se hace adulta a finales de los setenta y principios de los ochenta: retrata algunas transformaciones sociales, los padres van a misa y los hijos se meten tripis y echan polvos en discotecas, y aparecen la música y el cine, el terrorismo y hasta los ovnis, pero apenas la política: o más bien está, igual que todo lo demás, tal como la experimentan los personajes. Clara no es una rebelde, pero va a su aire. Estudia Medicina (la profesión de su padre), aunque no ejerce y prefiere dar clase a futuros auxiliares de clínica. Le gustan las películas clásicas y bañarse con sus amigas en el río en verano, es aficionada a los horóscopos y vive algunos —pocos— escarceos sexuales y amorosos: un flirteo con un chico de su edad, guitarrista y fumador de Ducados; el noviazgo con un vecino golfo de aspiraciones literarias. Un par de encuentros con un niñato tienen consecuencias devastadoras: Clara contrae el VIH. La historia es siniestra. Por venganza, el hombre que la contagia ha infectado a otras mujeres, que acaban (como él) en el hospital Miguel Servet de Zaragoza, la “Casa Grande”.
Pero el asunto del libro no es el mal sino la fatalidad y sobre todo la resistencia frente a ella. Son mujeres heridas y a veces destrozadas, pero no desvalidas: ni la mayoría de las víctimas del amante (“las leopardas”) ni las mujeres de la familia de Clara, donde el padre fallece pronto, y en la que destacan Violeta, romántica secreta como todos los punkis, o la contundente Eugenia. A un novio que traiciona a Clara, Violeta le tira huevos desde la ventana (ante la reincidencia, Clara le raya el coche con un ladrillo: “Cabrón”). Con una escritura que puede hacer pensar en Almudena Grandes e Ignacio Martínez de Pisón, pero también en Natalia Ginzburg y Marguerite Duras, Borraz habla del deseo y de la muerte, del goce y la desgracia, así como de sus efectos en uno mismo y los demás. Retrata un momento luminoso, de cambio y liberación, pero con riesgo y sordidez. Muestra la vergüenza y la preocupación por una enfermedad que no se conocía bien, y retrata ejemplos de comprensión y solidaridad (casi siempre femenina).
Entre las virtudes de Las leopardas están el sentido del ritmo y de la elipsis, así como un humor que brota en momentos inesperados. Cuando van a hacer un tratamiento experimental a Barcelona, una señora (también enferma) pregunta a Clara y a Eugenia: ¿no serán ustedes putas? La incineración de Clara incluye una borrachera, un apretón que se resuelve en los matorrales, una racha de viento que devuelve las cenizas a la cara de los familiares, un ataque de risa. El humor y la falta de moralina o victimismo son otros aciertos de una novela poderosa y ágil, sobria y conmovedora, que transmite una sensación de autenticidad y consigue atrapar al lector.

Las leopardas
Marta Borraz
Tusquets, 2026
232 páginas. 19,90 euros
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