Un chico espera el autobús. Hace frío y apenas lleva unas monedas encima. Le pregunta a su amigo si tiene 15 centavos. Él tampoco va sobrado. Entre los dos intentan reunir lo suficiente para comprar algo y coger el autobús. El chico está harto de depender del transporte público, no tiene coche y sigue viviendo con su madre. Tiene 21 años, dice, y hay un bebé en camino. Quiere hacerse rico. Quiere hacer discos que funcionen. Está cansado de ser pobre.
Un chico espera el autobús. Hace frío y apenas lleva unas monedas encima. Le pregunta a su amigo si tiene 15 centavos. Él tampoco va sobrado. Entre los dos intentan reunir lo suficiente para comprar algo y coger el autobús. El chico está harto de depender del transporte público, no tiene coche y sigue viviendo con su madre. Tiene 21 años, dice, y hay un bebé en camino. Quiere hacerse rico. Quiere hacer discos que funcionen. Está cansado de ser pobre. Seguir leyendo
Un chico espera el autobús. Hace frío y apenas lleva unas monedas encima. Le pregunta a su amigo si tiene 15 centavos. Él tampoco va sobrado. Entre los dos intentan reunir lo suficiente para comprar algo y coger el autobús. El chico está harto de depender del transporte público, no tiene coche y sigue viviendo con su madre. Tiene 21 años, dice, y hay un bebé en camino. Quiere hacerse rico. Quiere hacer discos que funcionen. Está cansado de ser pobre.
Es la escena que describe el comienzo de Never 2 Far, una de las canciones de Infinite, el primer álbum de Eminem, publicado en 1996, hace 30 años, y completamente perdido a efectos comerciales. La situación remite directamente a la vida de Marshall Mathers (St. Joseph, Misuri, 53 años), nombre real de Eminem, que había sido padre unos meses antes, seguía viviendo con su madre y buscaba una salida económica en el rap. Cuando se publicó Infinite el 12 de noviembre de aquel año Eminem acaba de cumplir 24 años (a efectos de industria musical y estrellato ya iba tarde) y no sabía que se iba a convertir en uno de los artistas más vendedores de la historia. Aquel era, a secas, Marshall Mathers, un rapero de Detroit inexperto pero determinado, que llevaba años compitiendo en batallas y tratando de conseguir que alguien escuchase sus canciones. Muchos ni siquiera saben que ese disco existe. Sin embargo, es imposible entender al Eminem que conocemos hoy sin él: habla de una infancia inestable, una ciudad en crisis, una situación económica precaria y la ilusión de salir de ahí a través de una escena hip hop vibrante en la que todavía tiene mucho que demostrar. También hay una idea ingenua, casi de manual, de que el esfuerzo lleva a una recompensa. Infinite, sin embargo, fracasó.
Vamos a grabar un disco
Cuando Eminem se convirtió en adulto Eight Mile era todavía una carretera de Detroit que formaba parte de su día a día y ejercía de frontera entre el Detroit negro y los suburbios blancos. Años después se convirtió en el título de una película que marcó a generaciones enteras de jóvenes criados durante los 2000 y en un símbolo inseparable de su biografía, pero entonces era el lugar donde los hermanos Jeff y Mark Bass tenían su estudio, Bassment Sound. Allí Eminem encontró un lugar donde registrar sus primeras canciones.

Mark Bass conoció a Eminem a través de una emisora de radio de Detroit. Después de escucharlo, consiguió ponerse en contacto con él. Para entonces Eminem llevaba años intentando hacerse un hueco. “Entonces aún no estaba preparado. Intentaba averiguar quién quería ser, así que imitaba la mierda que hacían otros. Era demasiado joven para tener un estilo propio”, recuerda en el documental Partners In Rhyme: The True Story of Infinite. Pero los Bass Brothers decidieron apostar por él e Infinite llegó a tener algo de repercusión en las emisoras locales. Las letras hablaban de los temas típicos del rap: dinero, familia, traiciones y la necesidad de demostrar su valía. Eminem todavía creía que, si trabajaba lo suficiente, alguien acabaría prestándole atención.
Los Bass Brothers cometieron un error de principiante: intentar domesticar a un artista para hacerlo encajar en lo que la industria consideraba vendible. Durante la grabación de Infinite trataban de adaptar a Eminem a lo que creían que podía funcionar en la radio, antes de que encontrara su estilo. “Habíamos estado haciendo canciones para intentar gustar a las emisoras, procurando que fueran menos explícitas”, recordó Jeff Bass en el documenta. Hasta que Eminem decidió que ya bastaba: “Él quería hacer las cosas a su manera”.
Los Bass prepararon cientos de casetes y algunas copias en vinilo de Infinite y los repartieron por Detroit. Unas 250 cintas llegaron al Hip Hop Shop y algunos miembros de Parliament-Funkadelic se llevaron copias para repartirlas durante sus giras. El problema es que todo ese apoyo local no encontraba la manera de salir de Detroit. “Todo el mundo apoyaba a Eminem, pero no sabíamos cómo hacer que el disco llegara a la gente”, explicó Mark Bass. Intentaron colocar el disco en tiendas, pero muchas ni aceptaban las copias en depósito. “No conseguimos vender nada”.
Llega Slim Shady
Después de Infinite, Eminem siguió intentando abrirse camino en la música mientras aceptaba trabajos precarios, como cocinero y lavaplatos en un restaurante de las afueras de Detroit, y trataba de mantener a su hija Hailie. El disco no había funcionado y su manera de rapear todavía recibía críticas por imitar a otros artistas. En 1997 perdió el trabajo y atravesó una etapa de dificultades económicas, pero siguió escribiendo y grabando. Ese año preparó The Slim Shady EP, un trabajo que conservaba el rap como centro, pero dejó paso a una voz mucho más agresiva, irreverente y grotesca.

En octubre de 1997 viajó a Los Ángeles para participar en las Rap Olympics, una competición de batallas de rap en la que llegó a la final y perdió frente a Otherwize. No salió de aquello con un contrato discográfico, pero ocurrió algo mejor: su actuación llamó la atención de Dean Geistlinger, un empleado de Interscope que le pidió una copia de The Slim Shady EP. Geistlinger hizo llegar el disco a Jimmy Iovine, responsable del sello, que acabó poniéndoselo al rapero y productor Dr. Dre. El encuentro no se tradujo en un contrato inmediato, pero sí consiguió que alguien de la industria escuchase el trabajo que Eminem había preparado por su cuenta. El EP se publicó en diciembre de 1997 y empezó a circular entre los aficionados al rap underground.
Ese año empezó a tomar forma Slim Shady, el alter ego con el que Eminem se presentó ante el mundo. Cuando volvió al estudio, Marshall llevaba tatuado ese nombre y, según Mark Bass, parecía “una persona completamente distinta”. ¿Qué había pasado? Mark Bass tenía otra explicación: “Le pasó algo y se convirtió en Slim Shady”. Eminem lo contó de otra manera: “Parecía que, en cuanto dejé de preocuparme una mierda por lo que decía, la gente empezó a interesarse por lo que decía”.
Visto desde la perspectiva de Slim Shady, Infinite también puede entenderse como un debut prematuro, el de alguien que todavía no ha acabado de encontrarse a sí mismo. Lo paradójico es que Slim Shady, un personaje aparentemente inventado, acabó acercándolo a una versión más auténtica de sí mismo: una especie de dibujo animado interior con muchas ganas de liarla, escandalizar a los adultos y convertir sus frustraciones en chistes, a menudo a costa de otros. Sus provocaciones tenían algo de la lógica infantil de quien descubre que puede decir cualquier barbaridad sin consecuencias, aunque aquí el juego se mezclaba con fantasías violentas y una crueldad que iba más allá de la travesura. El personaje le permitió exagerar lo que antes reprimía, pero la distancia entre Marshall y Slim Shady también hizo de escudo: que hable el alter ego no elimina las consecuencias de lo que dice ni la responsabilidad sobre ello.

El fracaso de Infinite acabaría explicándose en una cifra que forma parte de la leyenda de Eminem. En su autobiografía, The Way I Am, publicada en 2008, escribió: “Grabé Infinite en 1995, mi primer álbum. Vendió quizá 70 copias y no recibió buenas críticas”. La cifra no procede de un recuento de ventas, sino del recuerdo del propio artista más de una década después. Otras fuentes sitúan la tirada inicial en torno a las 1.000 unidades. No se sabe exactamente cuántas copias llegaron a los compradores, cuántas se regalaron y cuántas quedaron almacenadas. Lo que sí está claro es que el álbum tuvo una distribución muy limitada y apenas logró salir de Detroit. Las 70 copias son, en cualquier caso, una forma eficaz de resumir lo poco que se hizo notar el debut de quien acabaría convirtiéndose en uno de los raperos más vendedores de la historia.
Las copias originales de Infinite se han convertido desde entonces en objetos de coleccionismo. El álbum se publicó en casete y vinilo, y su rareza ha disparado el interés por las ediciones físicas. Su ficha puede consultarse en Discogs, donde también se puede seguir la historia de sus ediciones.
Hay otra particularidad que hace de Infinite un disco casi fantasma. El álbum completo sigue sin estar disponible oficialmente en las plataformas de streaming, aunque la canción que le da título sí se ha publicado digitalmente. En 2009 se ofreció temporalmente para descarga gratuita a través de la web ThisIs50, vinculada a 50 Cent, pero no llegó a consolidarse como una reedición oficial en los servicios musicales. Jake Bass, hijo de Jeff Bass, explicó en 2026 que el álbum no había llegado a las plataformas porque contiene numerosos samples. Para publicarlo de nuevo habría que resolver los derechos de esas grabaciones, un proceso que puede ser complicado y costoso.

En 2016, con motivo del vigésimo aniversario del disco, los Bass Brothers prepararon una nueva versión de Infinite. Recuperaron la grabación original para reconstruir la base instrumental y conservar la voz de Eminem grabada dos décadas antes. La remezcla se publicó digitalmente el 17 de noviembre de aquel año. También hubo planes para reeditar el álbum y acompañarlo de material adicional, pero el proyecto se complicó por una disputa legal relacionada con una tirada de vinilos que los Bass Brothers consideraban no autorizada. La situación exacta de los derechos sobre los másteres originales no está del todo clara. 30 años después, Infinite sigue siendo una rareza incluso para quienes quieren escucharlo.
Eminem, sin embargo, nunca consideró que el salto entre Infinite y The Slim Shady EP fuera tan drástico como parecía desde fuera. En una entrevista con Motormouth Magazine en 1998, explicó que el cambio llevaba tiempo gestándose en su interior. Lo comparó con el de un niño tímido al que otros acosan en el colegio hasta que empieza a acumular rabia y necesita responder. Cuando le preguntaron si ya había algo de Slim Shady en Infinite, señaló una canción: Open Mic. En ella, Eminem todavía no había bautizado a su alter ego, pero ya fantaseaba con una violencia lírica desatada, la de un asesino en serie con máscara de hockey. En otro momento de la canción se describe así: “I’m steaming like a tea pot”, es decir, “estoy hirviendo como una tetera”. Quizá Slim Shady no apareció de la nada. En Infinite, Marshall intentaba demostrar que podía convertirse en un rapero profesional, pero algo empezaba a acumular presión por debajo de la superficie. La olla aún no había explotado. Aquel chico seguía esperando el autobús, sin saber que estaba a punto de dejar atrás la vida que conocía. Se hará rico. Hará discos que funcionen. Nunca volverá a ser pobre.
EL PAÍS
