Pedro Alonso (Vigo, 55 años) y Eugenio Derbez (México, 65 años) son actores que han alcanzado gran reconocimiento de un extenso público. Alonso es conocido por el excéntrico y carismático personaje de Berlín en La casa de papel (2017), que acabó protagonizando su propia serie. Derbez, por su parte, tiene una dilatada trayectoria con programas de comedia en México y algunos trabajos en Hollywood, incluso, ostenta un Oscar como parte del elenco de CODA: Señales del corazón (2021), filme en el que encarna a un simpático y paternal profesor de música.
Los actores protagonistas reflexionan sobre la violencia machista, las grietas de la sociedad y los límites del amor familiar: “Esta es una conversación que nos compromete a todos”
Pedro Alonso (Vigo, 55 años) y Eugenio Derbez (México, 65 años) son actores que han alcanzado gran reconocimiento de un extenso público. Alonso es conocido por el excéntrico y carismático personaje de Berlín en La casa de papel (2017), que acabó protagonizando su propia serie. Derbez, por su parte, tiene una dilatada trayectoria con programas de comedia en México y algunos trabajos en Hollywood, incluso, ostenta un Oscar como parte del elenco de CODA: Señales del corazón (2021), filme en el que encarna a un simpático y paternal profesor de música.
Ambos recibieron a EL PAÍS el pasado 17 de septiembre en la Casa de México en Madrid para charlar a propósito de la serie El juicio, una producción mexicana, recién estrenada en Prime Vídeo. Alonso y Derbez son los protagonistas y, también, las dos caras de una misma siniestra moneda. La conversación cerró con la cineasta Belén Macías (Tarragona, 56 años), quien firma como una de los tres directores que aparecen en los créditos.

La trama de El Juicio tira de un hilo muy incómodo: la violación que sufre una chica a manos de un compañero de colegio, con la cascada de consecuencias que se precipita sobre las familias de ambos. No es un spoiler, sino la premisa de una historia con una producción cuidadosa y un guion rico en matices, donde no hay víctimas idealizadas (aunque sí revictimizadas) ni monstruos a secas. Hay oquedades, vacíos y silencios, porosidades que sirven a Alonso y Derbez para desgranar sus reflexiones.
Para Derbez, tanto el padre de la joven que él interpreta como el del agresor, al que da vida Alonso, se desbarrancan en la miseria: “Los dos escenarios son muy fuertes, las dos familias se rompen y en este caso los dos sufren por las decisiones de sus hijos”. Pero también subraya que nada excusa la violencia y que en muchos lugares la justicia dista de funcionar, pues la víctima es nuevamente agredida por el sistema que debería darle garantías: “Todos estos juicios son una de las miles de preguntas que reciben las víctimas de abuso cuando deciden abrir la boca. El hecho de que te guste la fiesta o hayas tomado o hayas salido tarde, no justifica que sufras abuso sexual”.
Cuando una sociedad está agrietada y se impone la lógica de comer o ser comido, las personas traspasan la frontera de la ley. Eso, señala Derbez, es lo que reflejan los personajes de El Juicio. “Esta desesperación por buscar justicia cuando generalmente no la hay, sobre todo cuando estás luchando contra alguien que tiene tanto dinero y tanto poder. Es por eso que casi siempre los involucrados cruzan esa línea de la justicia hacia la venganza, porque se sienten en un terreno totalmente desigual”.
Alonso añade a lo dicho por su compañero de elenco: “Lo único que hay es afrontar conversaciones tan delicadas como esta desde un lugar responsable. Esta es una conversación que nos compromete a todos y que hablarla importa”. El intérprete vigués pone el énfasis en la palabra responsabilidad y también se refiere a los claroscuros de su caracterización: “Yo he procurado sondear al personaje desde la humanidad sin negar que es cabronazo en muchos sentidos, alguien que abusa de su fuerza. Si tú dices: Esta persona es un monstruo, este tipo es lo peor, no hay recorrido posible. Sin negar la parte de oscuridad y de sombra, la mejor forma de desactivar algo pasa por conocerlo”.
Alonso afirma que todos los partícipes han “puesto el corazón” en ese trabajo, y su deseo es que la propia ambigüedad de El Juicio sea una invitación para que los espectadores mediten sobre esos temas. A propósito de esa ambivalencia moral, el actor gallego comenta: “Al principio, seguramente gran parte del público dice: tengo un juicio claro sobre lo que debo pensar de este personaje. Pero la serie mueve las tuercas y hay momentos en los que de repente empiezas a plantearte qué harías tú en esa disyuntiva”. Derbez toma al vuelo esas palabras y evoca al personaje del padre del agresor: “Sus argumentos son tan claros y son tan precisos que cuando lo escuchas no puedes odiarlo; dices: tiene razón lo que está diciendo y si yo tuviera sus recursos, quizá haría lo mismo”.
La mirada femenina
La directora Belén Macías ya ha tocado temas sensibles en su trabajos anteriores. En 2023 llevó al cine Verano en rojo, un filme que sigue la pista a los abusos sexuales de la Iglesia católica en España y que adapta la novela homónima de Berna González Harbour, periodista de EL PAÍS, además de escritora.
La directora catalana rescata el valor de sus aportes y de los diálogos que tuvo con Daniel Krauze, el guionista: “Cuando yo llegué también con mi perspectiva femenina y mi mirada de mujer, estuvimos hablando de muchas secuencias que yo veía que a lo mejor podían tener otro tratamiento. Hay una serie de cosas, de comportamientos femeninos que mi visión ayudó un poco a establecer”.
Más allá del realismo de las situaciones, de los personajes y sus motivaciones, para Macías su principal contribución es la configuración de un mensaje a favor de las mujeres que sufren violencia: “Sobre todo lo que me gustaría es que pensasen en el lugar que ocupa el personaje de Andrea (la chica que es violada) dentro de todo esto. Me gustaría que la discusión fuese esa, que no se tuviesen tantas dificultades en poder denunciar este tipo de cosas, que no fuese un calvario para las mujeres tener que exponerse”.
Preguntada sobre el alcance de la serie, Macías se muestra serena y con un atisbo de esperanza: “Si esto sirve para que se ponga sobre la mesa y se puedan discutir cosas, para que la seguridad de las mujeres sea vista como fundamental en todos los países, y que eso forma parte de una cuestión educacional hacia los hombres, hacia los entornos familiares, yo estaría muy satisfecha”.
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