Las guerras de la antigua Yugoslavia, que tiñeron Europa de sangre en la última década del siglo XX, comenzaron y acabaron en Kosovo. En 1989, cuando Yugoslavia estaba a punto de romperse por todas sus costuras, el líder serbio Slobodan Milosevic aprovechó el 600º aniversario de la batalla del campo de los Mirlos —en la que, según la tradición, los ejércitos cristianos perdieron frente a las huestes turcas, aunque básicamente toda la historia es una leyenda— para exaltar los peores instintos del nacionalismo. Kosovo concentra todos los mitos de la historia de Serbia, en forma de agravios milenarios, y Milosevic supo agitarlos para llevar a cabo su campaña de guerra, limpieza étnica y genocidio en Croacia, Bosnia y, finalmente, en esta provincia —ahora un Estado independiente todavía no reconocido por el conjunto de la comunidad internacional— que cuenta con un 90% de habitantes albaneses y un 10% de serbios.
Las guerras de la antigua Yugoslavia, que tiñeron Europa de sangre en la última década del siglo XX, comenzaron y acabaron en Kosovo. En 1989, cuando Yugoslavia estaba a punto de romperse por todas sus costuras, el líder serbio Slobodan Milosevic aprovechó el 600º aniversario de la batalla del campo de los Mirlos —en la que, según la tradición, los ejércitos cristianos perdieron frente a las huestes turcas, aunque básicamente toda la historia es una leyenda— para exaltar los peores instintos del nacionalismo. Kosovo concentra todos los mitos de la historia de Serbia, en forma de agravios milenarios, y Milosevic supo agitarlos para llevar a cabo su campaña de guerra, limpieza étnica y genocidio en Croacia, Bosnia y, finalmente, en esta provincia —ahora un Estado independiente todavía no reconocido por el conjunto de la comunidad internacional— que cuenta con un 90% de habitantes albaneses y un 10% de serbios. Seguir leyendo
Las guerras de la antigua Yugoslavia, que tiñeron Europa de sangre en la última década del siglo XX, comenzaron y acabaron en Kosovo. En 1989, cuando Yugoslavia estaba a punto de romperse por todas sus costuras, el líder serbio Slobodan Milosevic aprovechó el 600º aniversario de la batalla del campo de los Mirlos —en la que, según la tradición, los ejércitos cristianos perdieron frente a las huestes turcas, aunque básicamente toda la historia es una leyenda— para exaltar los peores instintos del nacionalismo. Kosovo concentra todos los mitos de la historia de Serbia, en forma de agravios milenarios, y Milosevic supo agitarlos para llevar a cabo su campaña de guerra, limpieza étnica y genocidio en Croacia, Bosnia y, finalmente, en esta provincia —ahora un Estado independiente todavía no reconocido por el conjunto de la comunidad internacional— que cuenta con un 90% de habitantes albaneses y un 10% de serbios.
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