Manuel Meza subió al podio del MadFest 25, en el Instituto del Cine de Madrid, con el corazón acelerado. No era solo la emoción de recoger el premio al mejor actor principal que acababan de concederle por su interpretación en El íncubo (2024), un cortometraje de terror. El verdadero miedo de este actor paraguayo de 35 años estaba fuera del teatro. Mientras sostenía la estatuilla y gritaba entre aplausos “¡Aguante Latinoamérica!” apenas podía disfrutar del momento. “Solo pensaba que la policía podía estar esperándome en la puerta”, recuerda. Acababa de ser galardonado por la industria cinematográfica, pero seguía siendo un actor sin papeles. Hasta ahora.
Manuel Meza subió al podio del MadFest 25, en el Instituto del Cine de Madrid, con el corazón acelerado. No era solo la emoción de recoger el premio al mejor actor principal que acababan de concederle por su interpretación en El íncubo (2024), un cortometraje de terror. El verdadero miedo de este actor paraguayo de 35 años estaba fuera del teatro. Mientras sostenía la estatuilla y gritaba entre aplausos “¡Aguante Latinoamérica!” apenas podía disfrutar del momento. “Solo pensaba que la policía podía estar esperándome en la puerta”, recuerda. Acababa de ser galardonado por la industria cinematográfica, pero seguía siendo un actor sin papeles. Hasta ahora. Seguir leyendo
Manuel Meza subió al podio del MadFest 25, en el Instituto del Cine de Madrid, con el corazón acelerado. No era solo la emoción de recoger el premio al mejor actor principal que acababan de concederle por su interpretación en El íncubo (2024), un cortometraje de terror. El verdadero miedo de este actor paraguayo de 35 años estaba fuera del teatro. Mientras sostenía la estatuilla y gritaba entre aplausos “¡Aguante Latinoamérica!” apenas podía disfrutar del momento. “Solo pensaba que la policía podía estar esperándome en la puerta”, recuerda. Acababa de ser galardonado por la industria cinematográfica, pero seguía siendo un actor sin papeles. Hasta ahora.
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