En una secuencia de La última ronda en Venecia, singular comedia dramática del desconocido para casi todos Francesco Sossai, sorprendente ganadora de ocho premios en los últimos David de Donatello (los Goya italianos), uno de los personajes, entre unas copas de vino y unas tapas de salami junto a dos amigos, define la teoría económica de la utilidad marginal: “La cantidad de satisfacción que ofrece una dosis de un bien consumido”. Es decir, una medida de felicidad y de satisfacción, ligada tanto al consumo como a la racionalidad del ser humano.
Sossai rompe las expectativas del público con una tragicomedia de seres marginales, extraña, desordenada y casi feísta
En una secuencia de La última ronda en Venecia, singular comedia dramática del desconocido para casi todos Francesco Sossai, sorprendente ganadora de ocho premios en los últimos David de Donatello (los Goya italianos), uno de los personajes, entre unas copas de vino y unas tapas de salami junto a dos amigos, define la teoría económica de la utilidad marginal: “La cantidad de satisfacción que ofrece una dosis de un bien consumido”. Es decir, una medida de felicidad y de satisfacción, ligada tanto al consumo como a la racionalidad del ser humano.
La teoría, desarrollada a partir del siglo XIX por diversos economistas, podría ejercer de metáfora de la propia película, del grado de satisfacción que puede ofrecer un relato como el de Sossai, tan particular y tan lleno de momentos originales, con tendencia incluso hacia el estrambote, que puede acabar forjando adeptos por acumulación de momentos insólitos o terminar expulsando a su público por sobredosis de rarezas.

Las 16 candidaturas (y ocho premios, incluyendo el de mejor película) de La última ronda en Venecia en los galardones del cine italiano la avalan. Más aún, en un año en el que coincidía con títulos como La vida fuera, de Mario Martone, y nada menos que la sensacional La grazia, de Paolo Sorrentino. Pero quizá el hecho de la sorpresa, y de ser Sossai un autor nuevo (es solo su segunda película, y la primera, Altri cannibali, coproducción con Alemania, tuvo más repercusión en festivales que en los cines), llevó a la academia italiana a su consagración por encima del peliculón de Sorrentino. Sossai rompe completamente las expectativas del público con una tragicomedia de seres marginales, extraña, desordenada y casi feísta, que quizá podría entroncar con el cine del finlandés Aki Kaurismäki: tanto por el poder etílico de sus protagonistas como por sus peculiares y secas conversaciones, y por ciertos detalles de estilo.
Por un lado, sus planos con tendencia a la frontalidad pueden recordar a las películas del autor de Un hombre sin pasado y Fallen leaves. Sin embargo, la deslucida fotografía de Sossai poco tiene que ver con los fogonazos de color de Kaurismäki, y todavía menos su fea acumulación de planos medios, esos zooms a destiempo, deliberadamente toscos, y sus primeros planos deformantes. Es La última ronda en Venecia una obra a la que cuesta hincarle el diente respecto de la forma, e incluso en cuanto a su narrativa, más caótica que libre. Ahora bien, también tiene la rara habilidad de ir sedimentando apoyos conforme sus tres personajes a contracorriente (dos maduros alcohólicos y un joven y tímido aspirante a arquitecto) deambulan por los lugares más esquinados de Italia, en una road movie que acaba congraciándote con el cine más inusitado.
Sorprendentemente, desde un prólogo que tarda en hacerse comprensible y una primera media hora algo destartalada, a través de una serie de encuentros sociales que podrían recordar a los de La escapada (1962), de Dino Risi, con su hedonismo, su desencanto y su viaje iniciático, la película va calando. Y lo hace gracias a su sentido social, a la simpatía de sus criaturas y al retrato del conflicto de clases, con sus grandes corrupciones de los de arriba y las pequeñas de los de abajo. Parafraseando el título de una magnífica película de Elio Petri, La clase obrera va al paraíso (1971), la historia de Sossai se configura como la extravagante aventura de unos don nadie en busca del tesoro de la utilidad marginal de su propia felicidad, de su propio paraíso. Y ese siempre estará cerca de querer tomarse todo el tiempo la que puede ser (y no será) la última copa.
La última ronda en Venecia
Dirección: Francesco Sossai.
Intérpretes: Sergio Romano, Pierpaolo Capovilla, Filippo Scotti, Roberto Citran.
Género: comedia. Italia, 2025.
Duración: 98 minutos.
Estreno: 31 de julio.
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