Este año no he visto La Velada del Año, ese espectáculo parecido al boxeo que organiza Ibai Llanos. No la he visto porque no tiene ningún sentido verla si no has seguido las pullas previas entre ellos. ¿Para qué? En Pressing Catch -y en combates de boxeo de verdad- hay y había momentos previos en los que los contrincantes prometían machacar al otro. Es una forma de avivar el espectáculo, de generar un interés cafre por una pequeña batalla. En el caso de lo que organiza Ibai, todo el espectáculo está en las rencillas entre los principales contrincantes. También hay peleas de relleno, como hay concursantes de relleno en Masterchef Celebrity, gente que llegará y se irá sin pena ni gloria, pero con la paga de la abuela en el bolsillo.

No sé si la generación Z es consciente de que son hijos del cotilleo más rampante, pero sí que este tipo de contenido ha venido para quedarse
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No sé si la generación Z es consciente de que son hijos del cotilleo más rampante, pero sí que este tipo de contenido ha venido para quedarse


Este año no he visto La Velada del Año, ese espectáculo parecido al boxeo que organiza Ibai Llanos. No la he visto porque no tiene ningún sentido verla si no has seguido las pullas previas entre ellos. ¿Para qué? En Pressing Catch -y en combates de boxeo de verdad- hay y había momentos previos en los que los contrincantes prometían machacar al otro. Es una forma de avivar el espectáculo, de generar un interés cafre por una pequeña batalla. En el caso de lo que organiza Ibai, todo el espectáculo está en las rencillas entre los principales contrincantes. También hay peleas de relleno, como hay concursantes de relleno en Masterchef Celebrity, gente que llegará y se irá sin pena ni gloria, pero con la paga de la abuela en el bolsillo.

No quiero con esto criticar la iniciativa comercial de Ibai. Él monta un espectáculo que en su día -dice- no monetizaba, pero que ahora le da dinero. Bien por él. Me sorprende, sin embargo, cómo el interés en los espectáculos en sí (boxeo, copla… me da igual) se ha movido hacia todo lo que rodea el espectáculo. Es más importante el cotilleo que el evento en sí (dudo que los aficionados al boxeo se dediquen a ver estas peleas de patio de colegio). De hecho, una buena parte de los discos de cantantes comerciales son sobre romances y rupturas con nombre y apellido, llegando al culmen del mal gusto con P’a tipos como tú, ese tema de Shakira y Bizarrap donde ella arrastra por los suelos al padre de sus hijos. El libro fenómeno del año, La bola (del compañero Daniel Verdú) se ha nutrido de un imparable -e impagable- afán cotilla que en ocasiones ha dejado de lado sus muchas virtudes literarias.
Quizás a este cambio en la orientación de los productos de entretenimiento ha contribuido en buena medida la banalización de los ecos de sociedad, que han pasado de versar sobre las grandes estrellas a contar con la presencia de personajes como Pepi Valladares (asistente personal de la Pantoja) o Laura Cuevas (hija del mayoral de Cantora) ocupando horas del prime time. No sé si la generación Z es consciente de que son hijos del cotilleo más rampante, pero sí sé que este tipo de contenido (como se llama ahora) ha venido para quedarse, y que está remodelando todo el negocio del entretenimiento.
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