Tintoretto, Veronés, Tiziano y Ribera junto a Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. Conjunción de genios que podría parecer impensable, pero que ahora se complementan en un discurso que ayuda a entender la labor de mecenazgo de los reyes de España y la magnitud de un edificio transcendental en la historia. En la línea de actividades y renovación constante que mantiene Patrimonio Nacional, se ha presentado la reapertura de los Museos de Pintura y Arquitectura del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Hasta el 31 de diciembre el acceso será gratuito, sin necesidad de adquirir la entrada general al Monasterio.
Tras 10 años cerrados, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial recupera dos espacios clave y de gran valor artístico e histórico
Tintoretto, Veronés, Tiziano y Ribera junto a Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. Conjunción de genios que podría parecer impensable, pero que ahora se complementan en un discurso que ayuda a entender la labor de mecenazgo de los reyes de España y la magnitud de un edificio transcendental en la historia. En la línea de actividades y renovación constante que mantiene Patrimonio Nacional, se ha presentado la reapertura de los Museos de Pintura y Arquitectura del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Hasta el 31 de diciembre el acceso será gratuito, sin necesidad de adquirir la entrada general al Monasterio.
Su origen está en los que se inauguraron en 1963, con motivo del IV Centenario del inicio de la construcción del Monasterio. Después de 10 años clausurados, en los que han pasado por una profunda restauración, con una inversión de 3,1 millones de euros, en parte procedentes de los fondos europeos Next Generation, reabren para aportar brillo y conocimiento al que ha sido considerado como la octava maravilla del mundo.
También ponen en valor el papel que tuvieron en su engrandecimiento a lo largo de cuatro siglos los monarcas de las dinastías de los Austrias y los Borbones. «Arquitectura y pintura fueron una inquietud personal del Rey Prudente. No es casual que dediquemos a ellas estos dos museos; son claves para entender la envergadura cultural y política del rey y del Monasterio», ha señalado en la reapertura Ana de la Cueva, presidenta de Patrimonio Nacional.
Las flamantes salas del Museo de Pintura, situadas en el que fuera el palacio de verano de Felipe II, reúne un centenar de pinturas de los grandes maestros de las escuelas italiana, flamenca y española, pertenecientes a las colecciones empezadas por Felipe II y continuadas por Felipe IV, Carlos II, Carlos IV e Isabel II. Veintiuna no se habían expuesto antes al público. Un buen puñado ha pasado por los talleres de Patrimonio, para una profunda restauración, tanto de los lienzos como de sus marcos.
La Santa Margarita de Antioquía de Tiziano, una de las primeras piezas expuestas, marca el nivel de este museo. El admirado por Felipe II y hoy apenas conocido Michel Coxcie, ocupa una de las primeras estancias. Presidida por el monumental díptico Alegoría de la Redención del Mundo y rodeada por una brillante copia del Descendimiento de Van der Weyden y el Martirio de San Felipe. Son buena muestra de la maestría de quien fuera conocido el Rafael flamenco.
Más adelante, en la enorme galería, destaca el Calvario de Rogier van der Weyden, pintado entre 1457 y 1464, pieza cumbre del museo. La Adoración de los Magos de Veronés es una aportación de Felipe IV a la colección, San Jerónimo penitente de Ribera lo fue de Carlos II. En las salas finales destaca Las tentaciones de San Antonio Abad, de Peeter Huys, inquietante lienzo que bien pudiera haber firmado El Bosco.
En el Museo de Arquitectura se repasa diseño, construcción y mantenimiento del monasterio a través de una gran diversidad de piezas. Desde la piedra fundacional, colocada el 23 de abril de 1563, a minuciosas maquetas y la videoproyección que muestra los principales lugares del edificio. «El Monasterio es en sí mismo la pieza principal de este museo», explica Luis Pérez de Prada, director de Inmuebles y Medio Natural de Patrimonio Nacional.
Los planos de Juan Bautista Toledo, denotan la influencia romana de este discípulo de Miguel Ángel en la basílica de San Pedro. Fue el interés de Felipe II en erigir un edificio austero y clasicista la razón por la que eligió a este arquitecto, posteriormente opacado por su sucesor en la dirección de la obra, Juan de Herrera. Se muestran varias ilustraciones del edificio realizadas por el grabador flamenco Pieter Perret, encargo de Felipe II en 1583 para epatar a las monarquías europeas con la grandiosidad del monumento.
Un fragmento de la cubierta original del edificio, con las cicatrices que le dejó el incendio de 1671 y las de los insectos xilófagos que casi acaban con la estructura de madera, ocupa una de las salas. Al lado, tal vez la parte de este museo que más va a encandilar a los visitantes. Acopia un monumental conjunto de las herramientas y maquinarias utilizadas en la construcción del monasterio. Ante la visión de abrejuntas, escantillones, punteros, mazos, espátulas, abrazaderas, poleas y grúas cuesta creer que con tan rústicos utensilios aquellos heroicos canteros, carpinteros, herreros, pizarristas y albañiles fueran capaces de levantar tan monumental edificio en solo 21 años.
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