Antes de ver Club Kid, el primer largometraje de Jordan Firstman, un amigo me dijo: “Te va a encantar: es como Gloria pero con mucha cocaína”. Mi amigo se refería al clásico de John Cassavetes sobre una mujer-pistolera sin ningún instinto maternal que se ve obligada a cuidar a un huérfano de la mafia. Club Kid ha sido uno de los grandes fenómenos de Cannes. La distribuidora y productora A24 ha pagado 17 millones de dólares por los derechos de un debut que hizo llorar a medio festival.
Antes de ver Club Kid, el primer largometraje de Jordan Firstman, un amigo me dijo: “Te va a encantar: es como Gloria pero con mucha cocaína”. Mi amigo se refería al clásico de John Cassavetes sobre una mujer-pistolera sin ningún instinto maternal que se ve obligada a cuidar a un huérfano de la mafia. Club Kid ha sido uno de los grandes fenómenos de Cannes. La distribuidora y productora A24 ha pagado 17 millones de dólares por los derechos de un debut que hizo llorar a medio festival. Seguir leyendo
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‘Club Kid’ habla de drogas y del cansancio que llega cuando la fiesta ya no resulta ni tan novedosa ni tan divertida


Antes de ver Club Kid, el primer largometraje de Jordan Firstman, un amigo me dijo: “Te va a encantar: es como Gloria pero con mucha cocaína”. Mi amigo se refería al clásico de John Cassavetes sobre una mujer-pistolera sin ningún instinto maternal que se ve obligada a cuidar a un huérfano de la mafia. Club Kid ha sido uno de los grandes fenómenos de Cannes. La distribuidora y productora A24 ha pagado 17 millones de dólares por los derechos de un debut que hizo llorar a medio festival.
Firstman escribe, dirige y protagoniza una película sobre un fiestero neoyorquino profesional (él) que un día se encuentra con una sorpresa de su pasado: un hijo. El crío vivía con su madre (otra fiestera) en Londres, pero ella muere y una amiga viaja a Nueva York para que el padre biológico (Firstman) se haga cargo de un niño de cuya existencia no tenía noticia. Pero Club Kid no es solo una película sobre el descubrimiento de la paternidad. Es sobre todo la historia de un hombre en crisis, un gay aburrido de drogarse y divertirse que encuentra en el pequeño un aliado y una tabla de salvación.
También es un cuento sobre cómo un niño inglés descubre Nueva York y su vida nocturna y, de paso, a los divertidos y excéntricos amigos queer de su padre. Firstman, de 34 años, ha explicado que en la génesis de su película estaba su propio hartazgo con la vida que ha llevado desde los 21, primero en Berlín y luego Nueva York. Club Kid habla de drogas y del cansancio que llega cuando la fiesta ya no resulta ni tan novedosa ni tan divertida. También, sobre cómo la rutina de la noche mutó después de la pandemia para endurecerse, y la energía de ciudades como Berlín o Nueva York se volvió más oscura.
Firstman ha participado como actor o escritor en un par de largos y series —ahora mismo es uno de los personajes del programa de HBOI Love L.A., de Rachel Sennott— pero su fama se debe sobre todo a sus cortos y parodias. Con una cautivadora melancolía, en Club Kid habla de la necesidad de pasar página, aunque eso signifique dejar atrás a tantos amigos y relaciones que podríamos llamar de after. Rodada en fiestas reales, habla de un mundo que su director conoce bien, y se nota. Es una película de fiesteros hecha con fiesteros, contada con ternura y sin prejuicios.
En las sesiones de la película en Cannes, el público salía llorando a mares. Es difícil no emocionarse con una historia tan sincera y auténtica. Firstman te enamora con su sonrisa y con su cansancio de una vida en bucle de la que no sabe salir. Y luego está la gracia de su entorno, ese mundo flotante de djs y filósofos queer que se encandilan con el nuevo miembro de la pandilla, un niño solitario y extraño que descubre una vida de música y neones.
¿Nos puede salvar un hijo? El personaje de Firstman descubre que tener una responsabilidad tan grande no es un peso sino todo lo contrario. No hay muchas películas sobre los hijos de los que no quieren crecer, y Club Kid habla de eso, de la madurez de los inmaduros, de los genes de los que no querían ser padres, de cuando el peterpanismo se desvanece. De la vida como un proceso en el que se dejan cosas atrás, incluso las fiestas más divertidas.
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