Han pasado cuatro meses desde que Rob y Michelle Reiner aparecieran brutalmente asesinados —aparentemente, por su hijo menor— en su casa de Los Ángeles. Fue su hija mediana, Romy, quien descubrió los cuerpos sin vida del director y la fotógrafa, y quien tuvo que comunicárselo al primogénito del matrimonio, Jake. Hasta ahora, este no se había pronunciando acerca de las muertes de sus padres. Sin embargo, cuando le queda una semana para cumpir los 34 años, el que será el primer cumpleaños sin sus padres, Jake Reiner se ha decidido a hablar sobre los crímenes. Además, la próxima semana su hermano Nick, el principal acusado, se enfrentará formalmente ante la corte.
Una semana antes de celebrar su primer cumpleaños sin el cineasta y la fotógrafa, Jake Reiner ha publicado un largo texto en el que habla de la inconmensurable pérdida de sus padres y les rinde homenaje
Han pasado cuatro meses desde que Rob y Michelle Reiner aparecieran brutalmente asesinados —aparentemente, por su hijo menor— en su casa de Los Ángeles. Fue su hija mediana, Romy, quien descubrió los cuerpos sin vida del director y la fotógrafa, y quien tuvo que comunicárselo al primogénito del matrimonio, Jake. Hasta ahora, este no se había pronunciando acerca de las muertes de sus padres. Sin embargo, cuando le queda una semana para cumpir los 34 años, el que será el primer cumpleaños sin sus padres, Jake Reiner se ha decidido a hablar sobre los crímenes. Además, la próxima semana su hermano Nick, el principal acusado, se enfrentará formalmente ante la corte.
A primera hora de la mañana de este viernes, hora del Pacífico, Jake Reiner ha colgado un largo texto en la plataforma Substack que ha titulado, simplemente, Mom and Dad (mamá y papá, en español), con un subtítulo donde se lee “El centro de mi vida” y lo ha acompañado de cinco fotografías suyas con sus padres, desde que era un bebé hasta ya adulto. Como escribe, su objetivo es “ofrecer un punto de vista interno”, pero “también celebrar todo lo que significaron” para él Rob y Michelle Reiner. Afirma que no pide nada: “Solo amor y compasión, los mismos principios bajo los que vivieron mis padres”. En su arranque, Reiner explica cómo se enteró de la muerte de sus padres, el domingo 14 de diciembre de 2025. Él estaba en la “celebración de la vida” de uno de sus mejores amigos, fallecido en octubre, en una fiesta celebrada en la estación central de Los Ángeles, Union Station, al sudeste de la ciudad, cuando su hermana mediana le llamó. “Recibí una llamada de mi hermana Romy contándome que nuestro padre había muerto. Minutos después, me volvió a llamar contándome que nuestra madre también estaba muerta”.
Entonces salió lo más rápido que pudo de la estación hasta la casa familiar situada en Brentwood, en el centro oeste, en la otra punta de Los Ángeles. “El trayecto de 45 minutos fue interminable”, recuerda. “Mi mundo, tal y como lo conocía, se había venido abajo. Estaba en trance. Lo único en lo que podía enfocarme era en que necesitaba llegar hasta la casa de mi infancia. Necesitaba tener a mi hermana. Necesitaba entender qué demonios había pasado”, relata. Su hermana aparece en varias ocasiones a lo largo de su relato, pero, como él mismo dice, esta es su propia versión de los hechos: “Romy contará la suya a su manera y en su momento”.

El relato de Reiner no es solo de hechos, también de sensaciones, de sentimientos y de pérdida. Como él mismo cuenta, ese día le fueron arrebatadas muchas cosas. “Mis padres no estarán en mi boda, no podrán tener en brazos a su futuros nietos y no verán cómo logré tener el éxito en mi carrera que aún ando buscando. Eso me parte el corazón y me llena de furia al mismo tiempo”, cuenta. “Nada te prepara para lo que se siente al perder a ambos padres en un instante y al mismo tiempo. Es demasiado devastador para comprenderlo. Todavía me despierto cada mañana teniendo que convencerme de que no es un sueño. Es, auténticamente, una pesadilla viviente”.
Reiner también se plantea cómo debieron ser esos últimos momentos para sus progenitores, a quienes, además, estaba muy unido. “No puedo ni empezar a imaginarme cómo debió ser estar en sus zapatos”, lamenta, “pero hay algo que me viene constantemente a la cabeza, y es lo asustados que debieron estar. Eran las últimas personas del mundo que se merecían lo que les ocurrió. Se merecían ser amados, se merecían ser respetados y, sobre todo, se merecían ser valorados por todo lo que nos dieron a nosotros tres y al mundo”, escribe, en referencia a él y a sus hermanos, incluyendo ahí por primera vez a Nick, procesado por el doble asesinato. Aunque, después, vuelve solo a él y a Romy. “Deberían estar disfrutando del resto de sus vidas en paz mientras envejecían juntos. En cambio, eso les fue arrebatado a ellos, a mí, a Romy, y no pudimos hacer nada al respecto”.
En su texto, pone en valor lo unida que estaba la familia, y de hecho considera que sus padres eran “el centro” de su vida. “Son”, dice en presente, “las luces que me guían, la base de lo que soy como ser humano, la gente mas generosa que he conocido. Mucha gente no tiene el lujo de tener los mejores padres”, afirma, “pero yo sí. Su amor por mí y mi hermana es del todo incondicional. Y el amor que han tenido el uno por el otro en su matrimonio es algo que siempre he admirado como estándar de lo que una relación exitosa debería ser”.

Su madre se convierte entonces en el centro del relato de Jack Reiner, que asegura que era su confidente, y que hablaban durante horas, de todo y de nada, que siempre tenía “una perspectiva brillante” y sabía cómo ayudar y encarar la vida. Cuenta cómo les encantaba ir a ver juntos musicales, cómo le ayudó en su mudanza universitaria, cómo le apoyó al arrancar su carrera. “Nunca tenía miedo de decir la verdad. Era sensible y se preocupaba por todos antes que por ella misma”, asegura de Michelle, a la que también califica como divertida, sarcástica, genuina. “Para entender por completo lo que perdimos: mi madre era el motor, la espina dorsal y el corazón de nuestra familia. Y no solo de nuestra familia inmediata. Era la razón tras la que pásabamos tiempo con nuestra familia extendida. Planeaba cada Acción de Gracias, quejándose de cuánto trabajo era cada año, jurando nunca hacerlo otra vez, y luego recibía el año siguiente. Planeaba cada viaje familiar, y siempre de manera perfecta. Tenía una pasión por la vida que la mayor parte de la gente desearía poder alcanzar”.
También habla sobre su padre, el querido y afamado director de Cuando Harry encontró a Sally y La princesa prometida, entre otros muchos títulos, y afirma que esa presencia, amabilidad y generosidad que mostraba en público era la misma que tenía en casa. El béisbol les unía, igual que los viajes relacionados con dicho deporte que hacían juntos cada verano desde que era un niño. “Mi padre es mi héroe”, afirma. Él le apoyaba, le ayudaba con su carrera —trata de labrarse un futuro como actor— y a gestionar sus relaciones sentimentales, recuerda, y agradece que hayan conocido a su actual pareja, Maria Gilfillan. “Lo único que siempre quiso era que yo fuera feliz y me gustara lo que hago. Ojalá hubiéramos podido trabajar juntos en un proyecto completo. Le echo mucho de menos”.

El primogénito de Rob y Michelle Reiner sabe lo difícil que es “imaginar lo terrible que ha sido todo esto”. “Cada día desde entonces ha sido horrible”, reconoce. “Cada reunión a la que vamos, cada persona con la que hablamos, cada lágrima que derramamos, cada movimiento que hacemos está relacionado con el asesinato de nuestros padres. Y mientras intentas asimilar el momento más devastador de tu vida, el mundo exige reuniones, papeleo, decisiones y explicaciones; como si la documentación tuviera que anteponerse al duelo”, explica.
Sobre su hermano Nick, al que la Fiscalía acusa del asesinato de sus padres y que lleva en prisión desde ese mismo 14 de diciembre, solo le cita al final, y nunca por su nombre. Pero le considera, también, como parte de lo que perdieron esa noche. “Aquella noche perdimos a más de la mitad de nuestra familia de la forma más violenta que se pueda imaginar”, relata. “La pérdida de cualquier progenitor es devastadora, pero nada se puede comparar con perder a ambos al mismo tiempo y, además, que tu hermano sea el centro de todo ello. Es casi imposible de asimilar. Entiendo que la gente tenga preguntas sobre lo que ocurrió. Algunas de esas respuestas llegarán con el tiempo. Pero hay partes de esto que pertenecen solo a nuestra familia, y mantenerlas en privado es la única forma de proteger lo poco que queda de algo que nos fue arrebatado”.
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