Cuando el jueves 8 de octubre de 2020, en aquellos días grises de la pandemia, la Academia de Letras de Suecia anunció que la poeta Louise Glück había ganado el Premio Nobel de Literatura, un reconocido librero de Bogotá comentó: “Cuando le dan el Nobel a un poeta perdemos todos porque durante el año hay expectativas comerciales con el anuncio de octubre, pero los poetas no venden”. Lo lamenté por él, pero me alegré por la poesía y por la esencia más verdadera de la literatura.
Cuando un poeta gana el Premio Nobel de Literatura, como este año la canadiense Anne Carson, la euforia dura poco y el mercado editorial anticipa menos ventas. Pero quien gana es la poesía, que necesita de su propia lentitud para instalarse en el corazón de los lectores
Cuando el jueves 8 de octubre de 2020, en aquellos días grises de la pandemia, la Academia de Letras de Suecia anunció que la poeta Louise Glück había ganado el Premio Nobel de Literatura, un reconocido librero de Bogotá comentó: “Cuando le dan el Nobel a un poeta perdemos todos porque durante el año hay expectativas comerciales con el anuncio de octubre, pero los poetas no venden”. Lo lamenté por él, pero me alegré por la poesía y por la esencia más verdadera de la literatura.
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