La comedia no está reñida con la reflexión moral. De hecho, al revés. Hoy, una carcajada no tiene por qué ir opuesta a una reflexión profunda, con personajes complejos y un componente ético sobre el dinero, el sexo, la familia, la educación… Esta temporada televisiva, Margo tiene problemas de dinero (o Margo está en apuros, en América Latina) ha demostrado que ese es el mejor humor: el que combina las risas, la ternura y el pensamiento crítico. Esto le ha valido un puesto de honor entre el público, colocándose entre las series más vistas de Apple TV, pero también entre sus pares. Porque los más de 27.000 miembros de la Academia de Televisión de Estados Unidos la han nominado para ocho premios Emmy, que se entregan este lunes 14 de septiembre en Los Ángeles. Entre ellos, mejor serie de comedia y tres de sus intérpretes, Elle Fanning (la propia Margo), Michelle Pfeiffer (su madre, Shyanne) y Nick Offerman (su padre, Jinx).
Las actrices, nominadas al Emmy, interpretan a madre e hija en una comedia de Apple TV que se presta a una intensa reflexión sobre la vida actual y la venta de la privacidad
La comedia no está reñida con la reflexión moral. De hecho, al revés. Hoy, una carcajada no tiene por qué ir opuesta a una reflexión profunda, con personajes complejos y un componente ético sobre el dinero, el sexo, la familia, la educación… Esta temporada televisiva, Margo tiene problemas de dinero (o Margo está en apuros, en América Latina) ha demostrado que ese es el mejor humor: el que combina las risas, la ternura y el pensamiento crítico. Esto le ha valido un puesto de honor entre el público, colocándose entre las series más vistas de Apple TV, pero también entre sus pares. Porque los más de 27.000 miembros de la Academia de Televisión de Estados Unidos la han nominado para ocho premios Emmy, que se entregan este lunes 14 de septiembre en Los Ángeles. Entre ellos, mejor serie de comedia y tres de sus intérpretes, Elle Fanning (la propia Margo), Michelle Pfeiffer (su madre, Shyanne) y Nick Offerman (su padre, Jinx).
Unas semanas antes de que se entreguen los galardones, pero ya nominadas, Fanning y Pfeiffer charlan con un grupo de periodistas internacionales en un hotel de Los Ángeles, halagadas por la buena recepción de la serie. Las aventuras —más bien, desventuras— de una inteligente universitaria que se queda embarazada de su profesor y decide tener sola al niño, con la compañía de una madre hortera y nada fan de los bebés (Pfeiffer) y con el retorno de un padre semidesaparecido vieja gloria de la lucha libre (Offerman), traen consigo un giro actual: para sobrevivir, la joven pasa de trabajar en una pizzería a crear y subir contenido erótico-futurista en la plataforma de contenido íntimo de pago OnlyFans. ¿Es lícito? ¿Es aceptable moralmente? ¿Es vender la vida privada, la sexualidad? ¿Afecta al bebé? Lo que está claro es que es complicado. Un material perfecto para una serie actual.
Fanning, de 28 años pero antes niña prodigio de la interpretación, junto a su hermana Dakota, no sabe lo que es lidiar con ese tipo de penurias económicas, confiesa. Pfeiffer sí. “Vengo de una familia donde sobrevivíamos paga a paga, y sé que hubo momentos en que mis padres no siempre sabían de dónde iba a venir el dinero”, explicaba la tres veces nominada al Oscar, de 68 años. “Aprendí muy pronto el valor de un dólar, y empecé a trabajar con 13 años. Empecé con ropa al por menor, hice muchísimos trabajos, trabajé en una imprenta, en un supermercado, vendiendo ropa, vendiendo Fuller Brush… ¿sabéis lo que es eso? Nah, es muy americano», ríe la actriz, “es ir puerta a puerta vendiendo cepillos de limpieza para el hogar, de locos, era algo enorme entonces”. Recuerda Pfeiffer cómo su padre la enseñó “a guardar para las vacas flacas” y a ser responsable. Pero como comparte, entonces, al contrario que ahora, se podía vivir con eso. Millones de estadounidenses lo hacían. “No ganaba un montón de dinero, pero trabajaba. Entonces podías trabajar en un supermercado y mantenerte, servir mesas y mantenerte. No ibas a tener una vida extravagante, pero sí un apartamento decente. Es más difícil hoy, pero entonces se podía”.

Confiesa Fanning, medio divertida, medio avergonzada, que ella en toda su vida solo ha tenido un trabajo, que ni siquiera ha ido a la universidad, pero que ha visto el esfuerzo duro y desde abajo en sus padres, que animaron a ambas hermanas “a ser independientes, e independientes financieramente, y a trabajar para ello”. “Creo que Margo también lo sabe. El coste de la vida es alto; para ella, es duro, está soltera y se vuelve a OnlyFans. Es la moda, el espíritu de nuestro tiempo, y todos pensamos lo mismo cuando oímos hablar de ello. Pero para este personaje es una vía de escape y un lugar que la va a salvar. Y el coste de la vida ahora es tan alto que creo que mucha gente puede identificarse con ello”, describe la joven.
Para la intérprete, que lleva trabajando prácticamente desde que era un bebé y que ha dado pasos potentes en la industria —tiene su propia productora con su hermana, Lewellen, con la que han financiado la serie, y juntas recibirán en 2027 sus estrellas en el Paseo de la Fama— el de Margo Millet es su papel más exigente hasta la fecha, por sus buenos guiones y sus capas. “Estaba asustada por este proyecto y por el personaje. Nunca he interpretado a alguien como ella”, reconocía. “La maternidad y reflejarla con autenticidad para que la gente pudiera identificarse… No soy madre, y pensé mucho en cómo hacer un retrato correcto”. Su química con los bebés que interpretaban al pequeño Bhodi fue instantánea —de hecho, acudió incluso a sus celebraciones familiares de cumpleaños— y también lo fue la de Pfeiffer.

“Margo es complicada”, reconoce Fanning. “Cada personaje de nuestra serie tiene muchos defectos, y creo que se les juzga fácilmente desde el exterior, así que teníamos que acertar con el tono, pero ¿así es la vida real, no? Trata sobre esta familia y, al fin y al cabo, aunque se peleen con fuerza, todo surge de la cantidad de amor que hay entre los personajes, aunque a veces no se lleven bien».
Para Pfeiffer, la dificultad no ha estado tanto en el personaje de esa madre algo desquiciada, amante del bling bling y de Las Vegas, muy alejada de sí misma, sino de aceptar trabajar en una serie creada, escrita y producida por su marido, David E. Kelley, figura clave de Hollywood desde hace décadas gracias a series como La ley de Los Ángeles, Ally McBeal o Big Little Lies pero con el que ella siempre había evitado trabajar. Sin embargo, la novela de Rufi Thorpe en la que se basa la serie llevaba “unas semanas en la encimera de la cocina”, llamándola a gritos, y cuando Kelley le contó que habían comprado los derechos con Fanning, y que ambos pensaban que había un papel que solo ella podía interpretar, se sintió “muy halagada”. La curiosidad le venció: “Shyanne aparece al principio [del libro] y no durante mucho tiempo. De hecho, el papel era bastante pequeño. Y no es que estuviera deseando trabajar con David, precisamente… Así hemos aguantado todos estos años”, bromea, ante las risas de los periodistas. “Es algo sagrado para mí. Pero me enamoré de ella, de su fuego, de lo auténtica que es, de que es una superviviente. Pensé que podía hincarle bien el diente, aunque tuviera 10 páginas, que era poco, por el gran impacto que había tenido en mí. Y funcionó. Dije que sí”.

Pero si la ficción (en la que también Nicole Kidman es productora, además de tener un pequeño papel de luchadora-abogada) brilla especialmente, es por esa mezcla de ingenuidad y profundidad, por la conversación intergeneracional que convierte al espectador en juez y parte.
¿Cómo fue para las actrices esa cuestión moral, cómo lidiaron con ello y aprendieron de sus personajes? “No solo por interpretar al personaje, sino viendo esta obra en conjunto, me he fijado en lo críticos que podemos llegar a ser en el mundo actual”, reconoce Pfeiffer a EL PAÍS. “Me pareció una historia muy refrescante, que había que contar, y que quizá uniera un poco. Hizo que me diera cuenta de los momentos en los que, en realidad, soy más crítica de lo que creo. Pienso que soy bastante liberal y tolerante, pero me doy cuenta de que juzgo más de lo que me gustaría”, explica.
Como muestra, la intérprete rememora lo que le dijo un querido amigo. “Me recuerda a esa famosa cita de Robin Williams: ‘Recuerda que cada persona con la que te cruzas está librando una batalla de la que no sabes nada; sé amable’. Y eso les ocurre a todos estos personajes. Es muy fácil juzgar a alguien: por su profesión, por si está en OnlyFans, por cómo viste, por dónde vive, por las decisiones que ha tomado a lo largo de su vida… Hay toda una historia detrás y hemos perdido la capacidad de convivir con sus contradicciones y su complejidad. Así que, la verdad, he aprendido bastante. Muchísimo, y me ha enriquecido”.

Fanning está de acuerdo con ello, con ese cliché de no juzgar a un libro por su portada que, al fin y al cabo, todos hacemos, y le reconoce a Kelley saber “establecer un cliché y romperlo”, haciendo ver que, como a menudo ocurre en la vida, “en la serie no hay malos, necesariamente, sino elecciones cuestionables”. Es decir, hay personas con pasado, como el personaje de Offerman, un padre adicto que abandonó a su hija y “con muchísimas capas”. “La forma en que ha ido entretejiendo esa profunda tristeza que lleva consigo a lo largo de toda la temporada… Fue precioso ver cómo todo encajaba, porque Dios mío, está destrozado, todos estamos destrozados, es como: dejadnos seguir adelante, no nos juzguéis por esto”. Como le reafirma y replica Pfeiffer: “Todo el mundo está intentando sobrevivir”.
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