Todo empezó con un baúl olvidado en el desván. Dentro había cuadernos, hojas llenas de apuntes, notas y letras de canciones que Freddie Mercury había escrito a veces de forma impulsiva y otras con meticulosa precisión. Volver a encontrarlas hizo que Mary Austin recuperara de golpe una parte de su vida que creía olvidada.
El Corriere della Sera habla en exclusiva con la mujer que durante décadas guardó los secretos de la leyenda del rock. «Lo conocí cuando todavía se llamaba Freddie Bulsara. Con él aprendí a amar sin poseer», cuenta
Todo empezó con un baúl olvidado en el desván. Dentro había cuadernos, hojas llenas de apuntes, notas y letras de canciones que Freddie Mercury había escrito a veces de forma impulsiva y otras con meticulosa precisión. Volver a encontrarlas hizo que Mary Austin recuperara de golpe una parte de su vida que creía olvidada.
«Abrir aquel baúl una mañana, hace cuatro años, fue como abrir de nuevo todo un mundo. Toda una vida. Encontré las letras de las canciones de Freddie. Yo misma las había guardado en 1985, cuando nos mudamos a Garden Lodge, y me había olvidado por completo de ellas. Cuando encontré el baúl y lo abrí, de repente lo recordé todo. Todo. Y ¿sabe una cosa? Mientras ordenaba las hojas, una canción no dejaba de sonar en mi cabeza: ‘Don’t Stop Me Now’«.
Cuesta imaginar que aquella elegante mujer, que habla con serenidad y amabilidad de aquel descubrimiento en el desván, sea también quien durante décadas guardó los secretos de una leyenda del rock. Freddie Mercury, líder de Queen y una de las voces más inconfundibles de la música, murió en 1991 después de contraer el sida. Mary Austin fue su pareja, su musa y su amiga. Cuando su relación sentimental terminó, siguió a su lado como asistente personal y amiga. Con el paso de los años, se convirtió también, en cierto modo, en la guardiana de su legado, tanto artístico como personal.
- Mary Austin, ¿realmente fue todo eso para Freddie?
- Sí, fui todo eso
- ¿Y cómo llegó a serlo?
- No lo sé. Simplemente nos conocimos. Nos encontramos. Cuando conoces a alguien siendo joven, todo es nuevo. Freddie había llegado a Londres hacía pocos años y Londres también era algo nuevo para él. Y ocurrió
- ¿Y cómo os convertisteis en almas gemelas?
- Él empezó a cortejarme y enseguida surgió entre nosotros una conexión silenciosa, no verbal. Desde el principio había algo que iba creciendo, y era la confianza. Él confiaba en mí y yo confiaba en él
- ¿Fue un flechazo?
- No lo sé. En realidad nos fuimos conociendo poco a poco. Veníamos de dos contextos culturales diferentes, pero de algún modo había una base común
- Volvamos a aquel baúl. ¿Cuáles fueron sus primeros pensamientos cuando encontró todo aquel material y volvió a ver la letra de Freddie?
- Cuando abrí el baúl recordé 1985, la mudanza y el hecho de que él estaba vivo… estaba vivo y había alegría en su trabajo, y si ahora me he emocionado, como puede ver, imagínese cómo me sentí hace cuatro años
- ¿Quién era el Freddie Mercury que usted conoció?
- Al principio era un hombre extrovertido, pero seis meses después conocí a un hombre algo diferente: más refinado, más sofisticado. Ese fue el hombre por el que sentí atracción, el hombre que después compondría canciones
- ¿Su primer encuentro?
- En abril de 1970. Yo trabajaba como dependienta en Biba. Él pasaba por allí con Brian o con Roger, siempre de dos en dos, nunca solo. Después, en septiembre, apareció sin acompañantes y me preguntó a bocajarro: «¿Saldrías conmigo?». Lo miré perpleja. Y añadió: «Sabes, mañana es mi cumpleaños… quería invitarte al Marquee». Entonces respondí: «Sí, vale»
- ¿Ya se intuía en aquel momento en qué se convertiría Freddie?
- No. El hombre que conocí en abril del 70 era diferente del hombre que conocí en septiembre del 70. Eran dos hombres distintos. Y, en realidad, yo no sabía cuál de los dos era el verdadero
- Estaba el Freddie público, que desde el escenario cautivaba a multitudes. Estaba el Freddie privado, exuberante, al que le encantaban las fiestas y no solo eso. Pero ¿cómo era su Freddie?
- Yo conocía al compositor Freddie Bulsara. Sí, estaba el Freddie Mercury de los conciertos y los excesos, pero también estaba el Freddie Bulsara que escribía las canciones, el más introvertido. Y ese era el Freddie que yo conocía
- Bulsara era su verdadero apellido. ¿Freddie le hablaba alguna vez de su infancia en Zanzíbar?
- En general, prefería no hablar de su pasado. Pero hay algo de lo que estoy convencida
- ¿El qué?
- Freddie Mercury allanó el camino a Freddie Bulsara: podría haber sido un hombre muy egocéntrico, pero no llegó a serlo porque la primera etapa de su vida lo había formado. Mercury permitió que Bulsara saliera de sí mismo
- Dicen que Freddie era generoso hasta rozar la ingenuidad
- Muy generoso. Le encantaba hacer regalos mucho más que recibirlos
- ¿Y hubo gente que se aprovechó de esa generosidad?
- Sí
- Tenía a su alrededor una especie de corte de los milagros
- Lo que yo pude hacer fue intentar protegerlo mientras seguía trabajando con él
- Una decisión nada fácil al terminar una historia de amor
- Cuando nos separamos, me ofrecieron un puesto en CBS. Pero Freddie me preguntó: «¿Te gustaría quedarte conmigo y trabajar juntos?». Una noche fui al cine y, antes de que empezara la película, pusieron una canción de Queen. Fue una señal. Me pregunté: «¿Dejaré alguna vez de preocuparme por él?». La respuesta fue: no. Así que decidí quedarme»
- ¿Recuerda la primera vez que vio a Freddie trabajando en una canción?
- Más que oírlo, diría que lo vi. Creo que fue cuando compuso ‘The Fairy Feller’s Master-Stroke’. En aquella época fuimos muchísimas veces a la Tate Gallery a contemplar ese cuadro, íbamos continuamente. Y me di cuenta de que mientras miraba el cuadro, en realidad estaba componiendo. Yo lo observaba e intentaba entender qué estaba ocurriendo en su cabeza. Después, de repente, decía: «Vale, vamos a ver otro cuadro», y era como si quisiera interrumpir el flujo que tenía en la cabeza
- Habría que contemplar, en efecto, aquel cuadro del siglo XIX de Richard Dadd, ‘El golpe maestro del leñador de las hadas’, para entender la complejidad de personajes que encierra aquel lienzo
- Cuando escuché la canción me di cuenta de que había tantas capas que no había comprendido cuánta comunicación existía entre él y el cuadro. Y sentí alegría porque comprendí que había presenciado un momento importante: el de una persona que estaba creando algo grande de la nada
- ¿Con qué canción se dio cuenta de que Freddie se convertiría en una estrella?
- ‘Killer Queen’. Cuando la vi interpretada en Top of the Pops, me di cuenta de que estaba viendo a una persona que entraba en una dimensión diferente, completamente dueña de sí misma. Fue un momento revelador
- ¿Cuál es su canción favorita? De Queen, claro.
- Primero estuvo ‘Fairy Feller’s’, después ‘Killer Queen’. Y ‘Bohemian Rhapsody’, naturalmente…
- ¿También vio nacer esta obra maestra?
- Recuerdo que nació de una manera extraña, como en un sueño. En aquella época Freddie tenía papel y bolígrafo junto a la cama y se despertaba en plena noche, escribía algo y después volvía a dormir. Por la mañana estaban las palabras escritas en el papel. Creo que fue la única vez que utilizó este método
- Entonces, ¿es su favorita?
- En realidad me gusta saltar de una canción a otra… No, no puedo decir que tenga una favorita, porque cada canción es única y especial, y me encanta escuchar su voz. Y cuando escucho versiones a capela, cuando oigo su voz sola, entonces me derrito
- Los fans están convencidos de que ‘Love of My Life’ está dedicada a usted
- No estoy tan segura. Pero en esa canción hay un pasaje que reconozco. Éramos jóvenes entonces y todavía vivíamos en Holland Road. Un día, hablando de lo bien que estábamos juntos, nos dijimos: «Cuando seamos mayores, seguiré cuidando de ti». Cuando salió la canción y escuché esos versos, recordé aquella conversación. Y pensé en lo genial que había sido al coger una conversación cotidiana y transformarla en una canción especial. Sin embargo, probablemente la canción que me dedicó fue otra
- ¿Cuál?
- ‘Lily of the Valley’. Ocurrió que alguien en el estudio le preguntó a Freddie: «¿Has escrito alguna vez una canción para Mary?». Era una pregunta habitual entre músicos. Se lo pensó un momento y después soltó: «Quizá ‘Lily of the Valley'». Y se marchó sin añadir nada más
- La letra también dice: ‘Lily of the Valley no lo sabe’…
- Cuando la escuché pensé: «Ah, entonces hay algo que yo no sé…». Después entendí qué era lo que no sabía. Pero es una canción bonita y, por eso, hizo que mi camino fuera un poquito más fácil
- ¿Cuándo supo aquello que entonces no sabía?
- A principios de 1977. Un día Freddie me dijo: «Mary, quizá soy bisexual». Y yo le respondí de inmediato: «No, eres gay»
- En aquel momento todavía erais novios. De hecho, estabais prometidos
- Con anillo incluido. Era precioso, de plata, con un escarabajo decorado. Me lo regaló y me preguntó si quería casarme con él. Naturalmente, dije que sí. Fue la mañana de Navidad de 1973
- ¿Por qué fue tan tajante al responderle que era gay?
- Cuando me dijo que era bisexual, lo percibí como una ‘invitación’ para mí. En realidad le dije: a mí me parece bien que seas bisexual o gay, pero lo serás tú solo porque a mí no me interesan los tríos. Fue una forma de poner un límite: yo te respeto por lo que eres, pero ese no es mi camino
- ¿Fue como un rayo caído del cielo?
- Sí y no. La realidad es que el mundo del espectáculo es muy complicado y, en este mundo, las personas cambian mucho. Pero yo era joven, tenía 26 años y no entendía bien cómo estaban cambiando las cosas. Quizá tuve algunos indicios cuando llegó John Reid y, sin duda, después de ‘Bohemian Rhapsody’ los cambios fueron más evidentes. Fue entonces cuando me pregunté qué estaba pasando
- Estamos en 1976. John Reid era el representante y pareja de Elton John, además del hombre que impulsó la carrera de Queen
- Y después, al escuchar ‘Somebody to Love’, entendí que todo estaba terminando. Buscaba a alguien a quien amar, y ya no era yo
- Y después de aquella confesión vuestra relación cambió. De sentimental pasó a ser profesional, y usted dejó de ser la novia para convertirse en la asistente personal de Freddie
- Y no fue una transición indolora
- Bueno, lo contrario habría sido sorprendente
- Y, sin embargo, la gente piensa que, como seguimos siendo grandes amigos, el sentimiento de pérdida se vio atenuado. En realidad tuve que abandonar un proyecto de vida a su lado, por decirlo de alguna manera, un proyecto de vida tradicional
- ¿Se puede decir que sublimó un amor platónico?
- Digamos que aprendí a amar sin poseer. Fue un cambio de forma
- Como ex pareja, ¿cómo fue asistir impotente a la evolución autodestructiva de Freddie?
- Fue difícil, pero, como el propio Freddie dijo, él era dueño de su destino. Y, de hecho, lo fue y siempre supo dónde desplazar los límites. Como en la canción ‘Don’t Stop Me Now’: «havin’ a good time», pasándoselo bien
- La enfermedad. La muerte. ¿Cómo las afrontó Freddie? ¿Hablabais alguna vez de ello?
- Cuando supo que era seropositivo fue un momento muy traumático para él. Y yo percibí su malestar. En realidad no sabría qué más decir.
O quizá sí. Quizá Freddie comprendió cuánto estaba perdiendo al tener la muerte cada vez más cerca, y lo demuestra el hecho de que siguiera trabajando prácticamente hasta el final. Y si al final alguien le hubiera preguntado qué era lo que más le había gustado de su vida, creo que habría respondido: estar sobre el escenario, actuar. Además de escribir canciones, naturalmente - Sí. El escenario era su reino. Su actuación en el Live Aid de 1985 ha pasado a la historia del rock.
- Y piense que ni siquiera quería participar. Le dije que no estaba de acuerdo con él. Al final aceptó, pero se enfadó conmigo
- ¿Hasta ese punto?
- Ni siquiera me invitaron al backstage. Aquel día fui entre el público con una entrada que había comprado yo misma. Temía que el concierto pudiera salir mal y que después me lo echara en cara. Pero salió estupendamente. Lo curioso es que Freddie y yo nunca volvimos a hablar de ello
- Volvamos otra vez a aquel baúl. ¿Por qué decidió subastar todos sus recuerdos? Muchos fans la criticaron por ello.
- Freddie siempre me dijo que nunca habría querido un museo. Demasiado rígido
- ¿Es la única explicación?
- Ya no soy joven, voy camino de los 76 años, y entendí que había tanta historia en casa y que, en realidad, a Freddie le encantaban la alegría y el placer. Así que, con la ayuda de Sotheby’s, decidí sacar a subasta todos aquellos objetos maravillosos, toda aquella alegría. Mi deseo era que todo fuera adquirido por personas que pudieran disfrutar de esos recuerdos. También pensé que sería bonito poner a disposición de quienes amaron a Freddie en vida aquellas letras llenas de alegría, aquellas hojas sueltas, los dibujos y los garabatos que encontré en aquel baúl. Y que quizá había llegado el momento de reunirlos en un libro
- ¿Cuánto tiempo necesitó para madurar estas decisiones?
- Cuando me mudé a Garden Lodge me di cuenta de que vivir en aquella casa suponía una enorme responsabilidad. Después de un par de años empecé a mirar las cosas una por una. Empecé con un cuadro de Miró que había en la cocina: lo miraba, le hablaba, pensaba: «Me gustan estos colores». Intenté ponerme en el lugar de Freddie. Miré todos los objetos de la casa de esa manera, fui familiarizándome con ellos y, después de treinta años, podía decir que había creado una relación con todos ellos. Había sido una larga preparación y finalmente estaba preparada para dejarlos marchar
- Entonces también dejará atrás Garden Lodge.
- Quiero enseñarle una cosa.
(Mary coge el teléfono móvil y reproduce un vídeo)
Ayer pasé por la casa. De vez en cuando voy cuando siento que lo necesito y grabé esto para mi hijo… y este sonido que escucha es lo que más echaré de menos cuando la haya vendido.
(El vídeo muestra lentamente el jardín de Garden Lodge)
Escuche, ¿oye el ruido?
– Sí, apenas se escucha el murmullo del agua del estanque en el que Freddie tenía sus adoradas carpas koi.
¿Ve aquella construcción? Freddie decía que era su casa de campo. Y a unos metros de distancia está su casa de ciudad». En Kensington, en pleno centro de Londres - Usted ha dedicado su vida a Freddie. ¿Alguna vez ha pensado que sacrificó su vida por él?
- Sí. Pero fue una decisión mía
- Lo protegió y siguió haciéndolo incluso después de su muerte. ¿Es esa la razón por la que nunca sabremos dónde enterró sus cenizas?
- Sí
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