Alicia del Río y Valeria Racu son portavoces del Sindicato de Inquilinas de Madrid. La primera se sentó el lunes en Mañaneros 360 a compartir mesa con los colaboradores del programa. Miré su rostro contrariado mientras otros hablaban. Miré su escepticismo y olí su enfado, porque tampoco hizo mucho por disimularlo. Y cuando entró el ministro Urtasun, su óvalo facial no cambió. En él estaban concentradas todas las sospechas del mundo.
Somos todas responsables de lo que pasa. Y ellas son las que conseguirán que seamos mejores, como las que salieron con lanzallamas en 2018 y mucho antes a defender la igualdad
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Somos todas responsables de lo que pasa. Y ellas son las que conseguirán que seamos mejores, como las que salieron con lanzallamas en 2018 y mucho antes a defender la igualdad
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Alicia del Río y Valeria Racu son portavoces del Sindicato de Inquilinas de Madrid. La primera se sentó el lunes en Mañaneros 360a compartir mesa con los colaboradores del programa. Miré su rostro contrariado mientras otros hablaban. Miré su escepticismo y olí su enfado, porque tampoco hizo mucho por disimularlo. Y cuando entró el ministro Urtasun, su óvalo facial no cambió. En él estaban concentradas todas las sospechas del mundo.
Porque hace mucho que escuchan palabras amables en las que les piden paciencia, que aguanten un poco más, que las cosas llevan su tiempo y que el diálogo y el consenso moverán el mundo. Pero ella sabe, como lo sabe Valeria y todas las mujeres enfadadas a las que escuchamos estos días hablar de vivienda, que no es que los jóvenes se hayan caído ahora de la cama. No son los jóvenes ni los viejos ni las menopáusicas las que acaban de caerse del guindo. Lo de ahora es el fruto de años de protestas y de sentadas en las que muchas hemos permanecido impasibles en nuestros cómodos sofás y en nuestras casas climatizadas.
“Yo le pregunto a Pedro Sánchez y a la señora Ayuso y al PP. La misma pregunta a ambos. ¿Por qué no queréis que haya contratos indefinidos en este país como hay en Reino Unido y Alemania, que son economías punteras? ¿Por qué no queréis inquilinas estables? ¿Por qué no queréis que nuestros hijos acaben la primaria en el mismo colegio? ¿Por qué no queréis que las ancianas puedan morir en casa? Ayuso y Sánchez: contestad”, señalando con el dedo.
Y asomó la señora patriarcal con la que estoy empeñada en acabar. Y pensé que qué lastima parecer tan enojada, cuando las cosas se pueden hacer en voz bajita y con gesto dulce. Que así no vas a llegar a ningún sitio, que solo vas a conseguir que te insulten y te digan que no grites, que nada peor que una mujer borracha y también verdulera. E inmediatamente después me dije que sí y se lo dije a la pantalla. Que somos todas responsables de lo que pasa, y que las mujeres enfadadas son las que conseguirán que seamos mejores. Como las que salieron con lanzallamas en 2018 y mucho antes a defender la igualdad. Como las que calientan la comida hoy en los hornillos para defender el derecho a la vivienda. Porque en ese óvalo facial están todas las sospechas del mundo, pero también motivos para tener esperanza.
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