Incluso las personas más comedidas en su gestualidad y en su oratoria ofrecían la sensación de estar borrachas de alegría después de la victoria de España en este Mundial planificado por dos gánsteres todopoderosos, ese Trump tan esperpéntico y grotesco como infinitamente dañino para cualquiera que posea ojos, oídos y al menos dos dedos de frente y su encantado y aséptico lacayo Infantino. Ambos intentaron pegarse como una lapa a la campeona buscando imposible protagonismo. Daba vergüenza. Y esa final ha sido degradante, sucia, asquerosa. Solo por parte de un equipo, del perdedor.
En el partido entre España y Argentina, la identidad del bien y del mal era tan transparente como real. Unos intentaban jugar muy bien al fútbol, los otros practicaban la marrullería más infame
Incluso las personas más comedidas en su gestualidad y en su oratoria ofrecían la sensación de estar borrachas de alegría después de la victoria de España en este Mundial planificado por dos gánsteres todopoderosos, ese Trump tan esperpéntico y grotesco como infinitamente dañino para cualquiera que posea ojos, oídos y al menos dos dedos de frente y su encantado y aséptico lacayo Infantino. Ambos intentaron pegarse como una lapa a la campeona buscando imposible protagonismo. Daba vergüenza. Y esa final ha sido degradante, sucia, asquerosa. Solo por parte de un equipo, del perdedor.
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