
Hay decisiones que cuesta entender. En la vida y en televisión. Como el paso de Marc Giró a La Sexta. Era una figura en ascenso en una TVE en alza. Giró no garantizaba share, pero aportaba imagen y coherencia con la nueva identidad de la pública que en ese momento buscaba remozar su audiencia apoyándose en rostros reconocibles para los jóvenes: Broncano, Giró, Álvarez, Hernand… Con el cambio, Giró perdía visibilidad, pero ganaba en salud. Se iba a un entorno laboral en el que, por ahora, no suenan las motosierras. Para minimizar el golpe, TVE miró a su segundo canal y tiró de Henar Álvarez y su Al cielo con ella. Un perfil similar. Ambos son cáusticos, mordaces, reivindicativos. Uno con guante de seda, la otra con guante de crin.
La diversidad y el feminismo son meras consignas con las que se les llena la boca cuando quieren vendernos motos. A la hora de la verdad les cuesta poco orillar los formatos con los que apelaban a la modernidad y hacernos tragar doble ración del rancio, histérico, machista y clasista ‘MasterChef’
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La diversidad y el feminismo son meras consignas con las que se les llena la boca cuando quieren vendernos motos. A la hora de la verdad les cuesta poco orillar los formatos con los que apelaban a la modernidad y hacernos tragar doble ración del rancio, histérico, machista y clasista ‘MasterChef’


Hay decisiones que cuesta entender. En la vida y en televisión. Como el paso de Marc Giró a La Sexta. Era una figura en ascenso en una TVE en alza. Giró no garantizaba share, pero aportaba imagen y coherencia con la nueva identidad de la pública que en ese momento buscaba remozar su audiencia apoyándose en rostros reconocibles para los jóvenes: Broncano, Giró, Álvarez, Hernand… Con el cambio, Giró perdía visibilidad, pero ganaba en salud. Se iba a un entorno laboral en el que, por ahora, no suenan las motosierras. Para minimizar el golpe, TVE miró a su segundo canal y tiró de Henar Álvarez y su Al cielo con ella. Un perfil similar. Ambos son cáusticos, mordaces, reivindicativos. Uno con guante de seda, la otra con guante de crin.
Precisamente por eso resulta desconcertante que alguien decidiese que era buena idea enfrentarlos, otra de esas decisiones que cuesta entender, desencadenando un duelo fratricida por idéntico público. Aunque la mayoría lo ve a la carta porque esos horarios te arruinan el ritmo circadiano. Les llaman late nights, pero se ven desayunando. La Sexta acabó reconociendo el fallo y cambió de día a Giró para descubrir lo obvio: la audiencia te la da el invitado, no el presentador, y varía en función de quién le visita.
TVE no ha tenido tanta paciencia con los números fluctuantes de Álvarez, aunque lo esperable sería que la corporación pública le importase más la calidad de sus formatos que la cantidad de espectadores. Paparruchas. La calidad no se puede exhibir en una hoja de cálculo. En TVE saben que esta semana es clave para lograr una ansiadísima victoria mensual sobre Antena 3 y no piensan hacer prisioneros. Si hay que olvidarse de la diversidad y el feminismo, se hace. Son meras consignas con las que se les llena la boca cuando quieren vendernos motos. A la hora de la verdad les cuesta poco orillar esos formatos con los que apelaban a la modernidad y hacernos tragar doble ración del rancio, histérico, machista y clasista MasterChef.
“Regresa a sus raíces”, dice TVE del retorno de Al cielo con ella al segundo canal, una manera elegante de decir que vuelves a dormir a la cama de 90 de la casa de tus padres. “Estamos orgullosas”, asegura Álvarez. Puede estarlo, pero lo que piensa realmente es lo que me gustaría escuchar, en el cielo o en el purgatorio.
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