Hace pocos años, si alguien promocionaba su película, libro, serie, teatro o, quizás simplemente, su persona, solo tenía un lugar en los canales generalistas al que dirigirse: El hormiguero. Todo cambió con el éxito de La revuelta de David Broncano en La 1 hace dos temporadas. Hoy un español puede recorrerse la televisión saltando entre formatos similares, mezcla de humor y entrevistas: puede empezar, por ejemplo, en Al cielo con ella y seguir en El perro andaluz, Cara al show o en las decenas de videopodcasts que llenan las redes sociales. En el centro del puzle, los coordinadores de invitados se han convertido en pieza clave del engranaje por su labor para gestionar la saturación de entrevistas a famosos. Su trabajo es, sin embargo, desconocido tras las cámaras.
Los coordinadores de invitados se esmeran por no repetir con los famosos, hacer entrevistas originales y buscar la personalidad entre los formatos similares que inundan la televisión
Hace pocos años, si alguien promocionaba su película, libro, serie, teatro o, quizás simplemente, su persona, solo tenía un lugar en los canales generalistas al que dirigirse: El hormiguero. Todo cambió con el éxito deLa revuelta de David Broncano en La 1 hace dos temporadas. Hoy un español puede recorrerse la televisión saltando entre formatos similares, mezcla de humor y entrevistas: puede empezar, por ejemplo, enAl cielo con ellay seguir en El perro andaluz, Cara al showo en las decenas de videopodcastsque llenan las redes sociales. En el centro del puzle, los coordinadores de invitados se han convertido en pieza clave del engranaje por su labor para gestionar la saturación de entrevistas a famosos. Su trabajo es, sin embargo, desconocido tras las cámaras.
“Lejos de lo que pueda parecer, un coordinador se enfrenta a un trabajo muy complejo. Aparte del conocimiento y actualización continua en los diversos ámbitos culturales y sociales, son imprescindibles la psicología, la empatía y la paciencia”, explica por correo electrónico Fernando Delgado, responsable en La revuelta y antes en La resistencia. Eva Carmona Morón, encargada en El perro andaluz suma más cualidades: “Búsqueda, criterio y mucha coordinación. Hay mucho teléfono, mucha agenda y un trabajo constante con representantes, oficinas y equipos para hacer posible cada visita. Después, el objetivo es que la persona encuentre un programa cuidado, disfrute y se sienta cómoda para conversar con naturalidad y profundidad”. Miquel Serra, de Cara al showde La sexta, agrega que es una labor “de pura estrategia y relaciones públicas”.
Ese es el primer paso. Después sigue la documentación y entrevistas previas para sacarle el jugo en directo: “Aspiramos a contar con personas relevantes, pero el nombre solo no basta”, explica en su correo la trabajadora de la productora de Manu Sánchez que apuesta por la “mirada social”: “Nos interesan perfiles que, por su trayectoria, vivencias o el momento que atraviesan puedan abrir una buena conversación: conocer sus inquietudes, sus causas, sus reflexiones y su mirada sobre la actualidad. Buscamos abrir el diálogo y generar contenidos o actuaciones inéditas”. Diferenciándose así del diario La revuelta, que les antecede.
En esa tarea puede pasar de todo. Delgado, quien reconoce que confundió una invitada con el mismo nombre (la actriz Ana Fernández), recuerda también su visita a la casa de Fernando Arrabal en París o las noches en “los mentideros” de Madrid buscando personajes. “Cuando se me cae alguno, siempre encuentro un alma caritativa. Algunos hasta los saqué de la cama o vinieron con el chándal de estar por casa”, comenta. Si no, La revuelta tira del comodín Raúl Cimas o Berto Romero. Serra, a su vez, recuerda que Yolanda Ramos se fue a casa con el micro puesto o que “Antonio Orozco se documentó él mismo y pasó posibles preguntas para facilitar el trabajo de la guionista. Envió un total de 15 folios”, y exclama con risas: “No nos había pasado nunca…”. Hace unos años, Andreu Buenafuente, pionero en estas lides, se enfrentó al psicólogo Rafael Santandreu en directo tras hacer la misma jugada. Con estrellas como Shakira, además, los presentadores tienen que moverse para entrevistarla: Henar Álvarez tuvo que viajar a México, y Broncano al escenario de Macondo City, donde la diva se presentó con una hora de retraso.
Cada programa tiene sus características. Carmona revive el momento en que Mercedes Milá (que tiene su propio programa, Me meto en un jardín) se olvidó el DNI para el avión Menorca-Sevilla: “Hubo que buscar vuelos y reorganizar”. Precisamente apunta que la deslocalización a Andalucía es un “reto”, ya que las agendas están en Madrid: “Es una apuesta: demostrar que una televisión relevante puede hacerse desde aquí. Es un valor y un orgullo”. La revuelta hasta la temporada pasada no anunciaba quién iba cada noche, algo que ha cambiado tras la bajada de audiencia frente a Pablo Motos y Horizonte, en Cuatro: “nos gusta jugar con la fuerza que tiene anunciar un invitado, pero también nos gusta la sorpresa de que no sepas lo que te vas a encontrar”, reconoce.
El funcionamiento de estos programas, como en su día los late shows de Pepe Navarro o Buenafuente, se inspira en la industria norteamericana de la medianoche (aquí su horario es el prime time) forjada por Johnny Carson, David Letterman, Conan O’Brien, Stephen Colbert o Jimmy Kimmel, que, paradójicamente, mientras crecen en España, cada vez tienen menos poder e influencia allí. Además de los mencionados, la temporada pasada Ana Millán condujo en Cuatro Ex la vida después, mientras que Jesús Calleja siguió con las aventuras con famosos en Planeta Calleja, y Aimar Bretos se estrenó con entrevistas más pausadas al estilo Jesús Quintero con La noche de Aimar, que tras los malos datos y su paso al Hoy por hoy en Cadena SER no regresará a La Sexta. También acabó Zero dramas, de Loles León.
El riesgo de repetir caras siempre está ahí. José Sacristán, María del Monte y, por supuesto, Miguel Ángel Revilla pueden contar las mismas historias varias veces en una semana. En El perro andaluz son conscientes, pero explican que buscan otro lugar para conversar: “Una experiencia, una reflexión, una causa, una actuación o una mirada que todavía no hayamos visto. No podemos controlar dónde ha estado, pero sí trabajar para que su paso tenga identidad propia”. En La revuelta apuestan por perfiles “por descubrir o con su propio estilo”, y aseguran que esas elecciones han “conseguido invitados mágicos e irrepetibles”. De ahí salen científicos, el jornalero Custodio Pérez, que convirtió su libro en superventas tras su paso por el programa, o el reciente Mariano Benítez de Lugo, primer abogado que denunció la venta de viviendas a fondos buitre. “Nuestros invitados son elegidos por su interés y valores”, apunta Fernando Delgado, aunque en Cara al show son conscientes de que hay tanta producción y estrenos que prima el entretenimiento.
Batalla soterrada
Serra reconoce que pisarse les produce “terror”, dado que se graba una semana antes e intentan pactarlo. La polémica por luchar por invitados alcanzó en 2024 incluso la pantalla, cuando David Broncano hizo público su malestar contando que El hormiguero presionaba y vetaba a los invitados para que no fueran a La 1: “Siempre ha habido mucho juego por su parte. Nunca han venido aquí antes. Incluso, cuando pueden hacer que no vengan aquí, lo hacen”, contaba el presentador ante la cancelación a última hora del campeón de MotoGP Jorge Martín. “Nosotros respetamos al máximo la decisión de los invitados y tienen la libertad para decidir dónde, cuándo y cómo aparecer. El objetivo es que la entrevista se produzca de la forma más natural y surja la química y la espontaneidad de una charla de amigos”, dicen. El hormiguero, que lleva 20 años en emisión, tiene tanta veteranía en esto que tiene, replicando a Saturday Night Live, un Club Platino e Infinity (con un reloj de 3.500 euros incluido) para los invitados que han visitado el programa decenas de veces.
Tras esa guerra abierta a golpe de vídeos de cabras en horario de máxima audiencia, no tardaron en salir estrellas como Rigoberta Bandini, Candela Peña, Tricicle y Najwa Nimri destapando su veto de Pablo Motos. Delgado dice que en La revuelta “no hay censura previa”, aunque “perfiles que carezcan de los valores humanos imprescindibles para la convivencia no tienen cabida”. El hormiguero, líder en audiencia, no ha contestado las preguntas enviadas por EL PAÍS. Tampoco lo ha hecho Al cielo con ella, que este martes marcó su mejor cuota desde abril con Miguel Bernardeau. Justo una semana después de que los Javis, sus directores en La bola negra, dieran máximo desde en La sexta al programa de Marc Giró, que cayó a la mitad de espectadores al abandonar TVE.
Con alguien tan sobreexpuesto como los directores, el secreto, dice Serra, es “documentarse con su entorno y buscar información inédita para dar mil vueltas a la entrevista y que sea distinta”, aunque alguna vez el invitado niega ese acceso. Otras veces se logran objetivos imposibles. La revuelta logró a la invitada soñada “desde el primer día”: Rosalía. Hoy abogan por juntar a Messi y Cristiano. En Cara al show, aun así, reconocen quiénes se resisten: “Futbolistas y políticos, claro ejemplo del patriarcado, pero tampoco nos quita el sueño”.
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