Dónde nacemos condiciona nuestra mirada. Andrea Ropero (Binaced, Huesca, 43 años) lo hizo en una familia de agricultores que tuvo que exiliarse por la Guerra Civil. Estudió en Barcelona con las becas de la educación pública. Y no se rindió gracias a su abuela. “Pasé una época muy mala y estuve a punto de dejar la carrera. ‘Mi mayor pena sería morirme y no verte de periodista’, me dijo. Al final, me vio en La Sexta. Antes del informativo, llamaba casa por casa en el pueblo para avisar a los vecinos”. Al recordarlo, los ojos verdes le brillan un poco más.
La periodista reflexiona sobre su carrera, la actualidad política y el acoso que recibe: “Un señor me llamó ‘hija de puta’ delante de mis hijos a plena luz del día. Es fruto de que los políticos hayan normalizado el insulto”
Dónde nacemos condiciona nuestra mirada. Andrea Ropero (Binaced, Huesca, 43 años) lo hizo en una familia de agricultores que tuvo que exiliarse por la Guerra Civil. Estudió en Barcelona con las becas de la educación pública. Y no se rindió gracias a su abuela. “Pasé una época muy mala y estuve a punto de dejar la carrera. ‘Mi mayor pena sería morirme y no verte de periodista’, me dijo. Al final, me vio en La Sexta. Antes del informativo, llamaba casa por casa en el pueblo para avisar a los vecinos”. Al recordarlo, los ojos verdes le brillan un poco más.
La reportera de El intermedio organiza esta entrevista en su salón, antes de que sus hijos Roke y Jara lleguen como torbellinos del colegio. Y todo ocurre alrededor de una mesa redonda que podría ser camilla y de unos bollos de esos que ya solo se hornean en las panaderías de barrio. La herencia le pesa. Cada vez que se mete hasta dentro de un desahucio, una manifestación o un conflicto migratorio. “Tengo la conciencia tranquila por cómo ejerzo mi profesión”, confiesa.
Pregunta. No es precisamente de las que se dejan preguntas en el tintero…
Respuesta. En el caso de los políticos, intento sacarles del discurso aprendido y del argumentario. Repreguntar hasta el infinito, ahí es donde se ven las costuras. Y cuando sueltan una barbaridad o un dato que no es veraz, decirles que no es así. Desgraciadamente, no se hace en muchas ocasiones.
P. ¿Es más difícil preguntarles en la calle?
R. Sí, muchas veces, solo tienes 30 segundos. Estoy en la calle porque no me acreditan en el Congreso de los Diputados. Es una locura que agitadores ultras hayan estado dentro durante años y que programas como El intermedio, lo más visto de La Sexta, sigamos fuera 20 años después. Es una carencia democrática brutal. Dicen que como somos un programa y hacemos humor no podemos acceder, pero ¿qué información hace Vito Quiles? No lo entenderé jamás. Me alegra enormemente que le hayan expulsado.
P. ¿Cómo confrontar desde el periodismo a este tipo de activistas?
R. No creo que haya que censurarlos. Hay que hacer pedagogía, insistir en que no son periodistas. Son agitadores ultras. Su misión es generar bulos y nuestro deber es desmontarlos. En redes sociales, los tengo bloqueados porque cada dos por tres me echan encima a toda la tropa.
Merecemos más nivel que llamar ‘hijo de puta’ al presidente del Gobierno
P. ¿Cómo lleva ese hostigamiento?
R. En X me dicen auténticas barbaridades… En la calle, he tenido momentos desagradables. Un señor, en presencia de mis hijos y a plena luz del día, me gritó “hija de puta”. Me dolió por mi hijo porque tuvo que presenciar esa escena. Es fruto de la crispación y de que algunos políticos hayan normalizado el insulto. ¡No todo vale! No es normal que se llame “hijo de puta” al presidente del Gobierno. Los ciudadanos merecemos más nivel.
P. ¿Por qué se atrevió a denunciar a un acosador?
R. Porque no se metía conmigo por mi físico o mi forma de hacer periodismo, me amenazaba con que iba a aparecer muerta. Le condenaron a una orden de alejamiento y la incapacidad de comunicarse conmigo durante un tiempo, pero sé que luego ha seguido acosando a otras periodistas.
Cuando me enteré de la muerte de Maricarmen me puse a llorar. Es una forma muy injusta de acabar una vida
P. Estuvo muy cerca de Maricarmen y su reportaje mostró por primera vez cómo se escucha y se vive un desahucio desde dentro. ¿Qué opina del odio que sufrió?
R. Me pareció terrible que se la criminalizara. La crisis de la vivienda es un problema transversal, no va de color político, pero aquí todo se polariza. Dijeron que era de izquierdas, que era una actriz, incluso pusieron en duda nuestro trabajo en El intermedio… No voy a dar publicidad ni entrar en rifirrafes con otros compañeros. Sé que nosotros lo hicimos bien. Si el reportaje se grabó, fue porque ella lo quiso. Nadie la engañó, era una persona muy lúcida y quería denunciar lo que pasaba.
P. ¿Qué pensó al enterarse de su muerte?
R. Me puse a llorar. Me dolió mucho. Es una forma muy injusta de acabar una vida. No había necesidad de desahuciarla con su estado de salud. Los desahucios matan y a ella la mató. Murió por el trauma y el agotamiento. Me impactó ver a 14 antidisturbios llevarse a una señora en silla de ruedas y su vida reducida a cuatro prendas de ropa y a unas pastillas metidas en el bolso.
Iñaki [López] y yo llevamos una vida muy de barrio. No nos gustan mucho las alfombras rojas
P. Vox vetará las ayudas al cine en Castilla y León por motivos ideológicos, ¿peligra la libertad de expresión?
R. Sí, no me sorprende. Es lo que piensan de la cultura… Hay que respetar lo que sale de las urnas, pero no se puede poner en duda la viabilidad de la democracia, que es lo que ellos hacen constantemente.
P. Presentó laSexta noche junto a su marido, Iñaki López. Un programa que puso la tertulia política en el centro.
R. En su día, supo canalizar muy bien lo que pasaba en la calle. Hablábamos de PIB un sábado por la noche y nos veían millones de personas.
P. ¿Hay menos nivel de debate en esta tertulización de la televisión?
R. No voy a juzgar si entonces había más nivel o menos que ahora. Ahora hay grandísimos tertulianos y en aquel momento también los había. A veces, en las tertulias hay bronca, pero eso no les quita credibilidad, forma parte del debate periodístico. No creo que haya demasiadas tertulias. A mí me gusta escuchar opiniones de todo el mundo.
P. ¿En casa debaten sobre actualidad?
R. Intentamos dejarla en la puerta. De lunes a viernes conciliamos como podemos y el fin de semana les regalamos a nuestros hijos tiempo de calidad. Hay periodistas que se dan mucha importancia, pero nosotros llevamos una vida muy de barrio, no nos gustan mucho los eventos o las alfombras rojas. El periodismo es caprichoso. Hoy estás arriba y mañana estás abajo, así que disfruto al máximo de lo que hago.
P. ¿Y de los momentos de distensión con El Gran Wyoming?
R. Irme cada noche a casa con una sonrisa es lo mejor de mi día. Trabajar con él es un regalo. ¡Que no se jubile nunca! [se ríe]. Quiero que sea nuestro Larry King y que no se quite los tirantes nunca.
P. Como madre, ¿cómo ve el futuro?
R. Me preocupa lo que va a pasar con la educación, con la sanidad, con el planeta… Pero ahí estamos Iñaki y yo para educarlos lo mejor que podemos en la igualdad, el respeto y la empatía. Queremos que sean muy conscientes de lo afortunados que son.
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