
El tema de las pensiones o, para ser más precisos si tenemos en cuenta lo que dicen algunos economistas, “el problema de las pensiones”, viene de lejos por más que ahora parezca actual por obra y gracia de la campaña electoral en España, esa campaña en la que los hechos demuestran lo que ya se sabía: que la pretendida derecha civilizada se ha echado al monte con los que añoran el franquismo.
Esta producción cumple todos los requisitos de lo políticamente correcto pero moderno
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Esta producción cumple todos los requisitos de lo políticamente correcto pero moderno


El tema de las pensiones o, para ser más precisos si tenemos en cuenta lo que dicen algunos economistas, “el problema de las pensiones”, viene de lejos por más que ahora parezca actual por obra y gracia de la campaña electoral en España, esa campaña en la que los hechos demuestran lo que ya se sabía: que la pretendida derecha civilizada se ha echado al monte con los que añoran el franquismo.
Naturalmente las pensiones y la ideología política van de la mano. Cuando el Fondo Monetario Internacional, es decir, la derecha pura y dura, pide en 2012 bajar las pensiones “por el riesgo de que la gente viva más de lo esperado” que, a su juicio, es un riesgo para la economía global, lo que en realidad quiere decir es que trabajen ustedes durante 40 o 50 años y muéranse para que la economía global mantenga los beneficios a los menos, algo que ese tándem Núñez Feijóo-Abascal nunca dirán en público porque lo suyo es “todo por España”, la suya, por supuesto, aunque imaginamos que lo piensan. Menos mal que la realidad, en ocasiones, va por otros caminos y si no, que se lo pregunten a Bolsonaro.
Pues en el terreno de las series de ficción ocurre también que algunas propuestas se distancian de las especulaciones de los fondos monetarios internacionales y de las Christine Madeleine Odette Lagarde de turno. Es el caso de Veteranos contra el crimen (que acaba de estrenar su tercera temporada en Cosmo), una serie policíaca alemana protagonizada por dos detectives de homicidios de la policía judicial de Colonia-Mülheim que, ante la escasez de policías jóvenes, son reclamados de nuevo para el ejercicio de su profesión pese a estar jubilados hace tiempo. Es, de alguna forma, la reivindicación de los viejos si dejamos al margen los intentos de suavizar el paso de los años con eufemismos como “la tercera edad”.
Claro que la serie cumple todos los requisitos de lo políticamente correcto pero moderno: los dos veteranos resolverán los crímenes bajo el mando de una comisaria joven a la que exasperan con frecuencia con sus inevitables manías, aunque respetan su lesbianismo, lo que ocurre menos con el joven filipino aspirante a detective al que tratan como a un nieto con cariñosos pescozones. Una serie que lleva la contraria a los gurús de la economía global y que se ve con la tranquilidad propia de quienes rehúyen los excesos.
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