La inteligencia artificial generativa ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en una herramienta que empieza a modificar la forma en que se piensa, se produce y se termina una película. Johann Choron, responsable de alianzas e IA generativa para cine y TV de Google en EMEA (Europa, Oriente Medio y África), conoce bien la relación entre tecnología y entretenimiento. Tras ocho años en YouTube y varios puestos vinculados a Google TV y cine, trabaja ahora con artistas, estudios y plataformas para explorar nuevas formas de producción audiovisual. Choron, presente en el Festival de San Sebastián, participó en una de las charlas del evento: IA: soluciones concretas que ya están contribuyendo a mejorar la industria audiovisual, coincidiendo con un esperado informe de Google sobre el impacto económico que la IA puede tener en el sector audiovisual español.
La inteligencia artificial generativa ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en una herramienta que empieza a modificar la forma en que se piensa, se produce y se termina una película. Johann Choron, responsable de alianzas e IA generativa para cine y TV de Google en EMEA (Europa, Oriente Medio y África), conoce bien la relación entre tecnología y entretenimiento. Tras ocho años en YouTube y varios puestos vinculados a Google TV y cine, trabaja ahora con artistas, estudios y plataformas para explorar nuevas formas de producción audiovisual. Choron, presente en el Festival de San Sebastián, participó en una de las charlas del evento: IA: soluciones concretas que ya están contribuyendo a mejorar la industria audiovisual, coincidiendo con un esperado informe de Google sobre el impacto económico que la IA puede tener en el sector audiovisual español. Seguir leyendo
La inteligencia artificial generativa ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en una herramienta que empieza a modificar la forma en que se piensa, se produce y se termina una película. Johann Choron, responsable de alianzas e IA generativa para cine y TV de Google en EMEA (Europa, Oriente Medio y África), conoce bien la relación entre tecnología y entretenimiento. Tras ocho años en YouTube y varios puestos vinculados a Google TV y cine, trabaja ahora con artistas, estudios y plataformas para explorar nuevas formas de producción audiovisual. Choron, presente en el Festival de San Sebastián, participó en una de las charlas del evento: IA: soluciones concretas que ya están contribuyendo a mejorar la industria audiovisual, coincidiendo con un esperado informe de Google sobre el impacto económico que la IA puede tener en el sector audiovisual español.
El estudio estima que estas tecnologías podrían aportar hasta 9.400 millones de euros anuales al PIB español en 2035, aunque también señala las turbulencias en el sector y el impacto en los cambios laborales. Choron tuvo una entrevista digital con EL PAÍS para compartir algunas de las certezas (y las dudas) que esta tecnología puede traer al ecosistema audiovisual.
Pregunta. ¿En qué fase de una producción cinematográfica está teniendo ya un impacto real la IA generativa?
Respuesta. Los mayores impactos se están produciendo ahora mismo en la preproducción y la posproducción. En la primera permite previsualizar digitalmente una película y probar cámaras, iluminación o escenarios antes de construir decorados o encender una cámara. En la posproducción, puede encargarse de tareas repetitivas, como el rotoscopiado, el etiquetado de recursos o la limpieza de imágenes. Eso devuelve tiempo a los artistas de VFX y a los editores para centrarse en la interpretación, el ritmo y la narración emocional.
P. ¿Puede cambiar también la economía del cine, especialmente para directores independientes y pequeñas productoras?
R. Sí. La IA puede ser un gran elemento igualador para los cineastas independientes, algo especialmente relevante en España, donde buena parte de la industria está formada por producciones pequeñas y medianas. Efectos o escenarios que antes tenían un coste prohibitivo son ahora más accesibles. El estudio que hemos hecho con la consultora Public First calcula que la IA generativa podría aportar 9.400 millones de euros anuales al PIB español en 2035 y ahorrar a los profesionales creativos casi 50 jornadas laborales al año. Ese tiempo y ese dinero pueden reinvertirse en aquello que hace crecer una producción: más actores, derechos de guiones originales o más tiempo de rodaje.
P. ¿Tiene algún ejemplo en el que la IA haya cambiado realmente lo que hasta ahora no era posible hacer?
R. Hay varios. En Ancestra, una colaboración con Primordial Soup, participaron más de 200 profesionales creativos combinando técnicas tradicionales e IA para contar una historia que se consideraba muy difícil de filmar. La tecnología permitió, por ejemplo, recrear de forma auténtica el aspecto de la directora Eliza McNitt cuando era bebé. Otro caso es Paradoxes, de Pierre Zandrowicz, una serie de Atlas V para ARTE. Combina imagen real con vídeo generativo para representar el territorio surrealista del subconsciente de su protagonista. La IA no sustituyó a los guionistas ni a los equipos de rodaje: permitió hacer viable una producción que, por su complejidad, habría resultado demasiado cara. También está Dear Upstairs Neighbors, un cortometraje de animación estrenado en Tribeca. Los animadores crearon primero el movimiento y utilizaron después modelos de Veo e Imagen para conseguir un acabado pictórico y expresionista. No era una generación con un clic: los artistas revisaban las imágenes, hacían modificaciones y mantenían el control sobre el resultado.
P. Pero esto genera también temor entre los creadores. ¿Qué decisiones deberían seguir siendo siempre humanas?
R. Entendemos la IA como un nuevo tipo de lienzo digital, no como un sustituto del cineasta. Los sistemas son extraordinariamente buenos generando opciones, combinando elementos y repitiendo procesos a una velocidad imposible hasta ahora. Pero no tienen un punto de vista, experiencias vividas, gusto ni contexto cultural. La IA puede generar píxeles, pero no puede generar intención ni oficio. Las personas siguen definiendo el propósito, el arco emocional y los criterios estéticos. La tecnología puede ayudar a explorar las posibilidades, pero no decide qué historia importa, qué emoción queremos provocar o qué riesgos queremos asumir.
P. Entendiendo lo que dice, el gran debate es el empleo. Mucha gente está asustada: si una tarea que antes necesitaba a diez personas puede hacerse en horas, ¿cómo evitar que la IA termine reduciendo los equipos?
R. La IA generativa va a cambiar algunos puestos de trabajo, y debemos reconocerlo. Pero la historia de la tecnología también muestra que las nuevas herramientas pueden ampliar la economía creativa. Los efectos digitales e internet, por ejemplo, crearon nuevas especialidades y nuevas formas de producir. Esperamos que la IA libere a los profesionales de tareas repetitivas para que puedan centrarse en una narración más ambiciosa. A medida que bajan las barreras de producción, también puede crecer la demanda de nuevos contenidos, formatos y proyectos.
P. ¿Dentro de cinco años un director tendrá que dominar la IA como hoy domina una cámara o un programa de edición?
R. Creo que comprender la IA formará parte habitual del conjunto de herramientas de un cineasta, igual que ocurrió con la edición digital. Surgirán nuevas habilidades y posiblemente nuevas profesiones, desde especialistas en continuidad narrativa hasta perfiles híbridos de VFX. Eso hace fundamental la formación. Un cineasta puede decidir no utilizar IA, por supuesto, pero entender cómo funciona permite tomar esa decisión de manera consciente.
P. ¿Cuál es el aspecto que más destacaría sobre cómo puede la IA ayudar a la industria española?
R. Me parece especialmente relevante la posibilidad de ampliar el alcance internacional de las producciones españolas. Según el estudio, la traducción asistida por IA podría incrementar en un 190% el alcance global de los creadores españoles. Ya vemos ejemplos como Canal Sur, que utilizó Gemini para generar subtítulos multilingües en tiempo real durante el Carnaval de Cádiz. Eso demuestra que la IA no solo puede cambiar cómo hacemos cine, sino también quién puede verlo. Para España, esa capacidad de llegar a nuevas audiencias puede ser especialmente importante.
EL PAÍS
